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LA OMNIPOTENCIA DE DIOS



A todos los teólogos, tarde o temprano, un estudiante les planteará una pregunta que resulta ser un rompedero de cabeza. Esta pregunta tan antigua es la siguiente: ¿puede Dios crear una roca tan grande que no la pueda mover? A primera vista esta pregunta parece crear un cerco que encierra al teólogo en un dilema sin solución. Si contestamos que sí, entonces estamos diciendo que hay algo que Dios no puede hacer; no puede mover la roca. Si contestamos que no, entonces estamos diciendo que Dios no puede construir dicha roca. Cualquiera sea la respuesta que demos estamos forzados a establecerle límites al poder de Dios. Este problema se asemeja a otro: ¿qué sucede cuando una fuerza irresistible se enfrenta con un objeto inamovible? Es posible concebir una fuerza irresistible. También es posible concebir un objeto inamovible. Lo que nos resulta imposible de concebir es la coexistencia de ambos. Si una fuerza irresistible se enfrentara con un objeto inamovible y el objeto se moviera, entonces no podría ser con propiedad llamado inamovible. Si el objeto no se moviera, entonces nuestra fuerza "irresistible" no podría ser llamada con propiedad irresistible. Vemos,entonces, que la realidad no puede contener a ambos una fuerza irresistible y un objeto inamovible. Volvamos ahora al tema de la roca inamovible. El dilema que se plantea aquí (como en el caso de la fuerza irresistible) es un falso dilema. Es falso porque se funda sobre una premisa falsa. Está suponiendo que la "omnipotencia" significa que Dios puede hacer cualquier cosa. Sin embargo, considerado como un término teológico, la omnipotencia no significa que Dios pueda hacer cualquier cosa. La Biblia nos señala varias cosas que Dios no puede hacer. No puede mentir (Hebreos 6: 18). No puede morir. No puede ser eterno y a la vez haber sido creado. No puede actuar en contra de su naturaleza. No puede ser Dios y no ser Dios al mismo tiempo y en el mismo sentido. La omnipotencia significa que Dios tiene el poder sobre su creación. No hay ninguna parte de la creación fuera del alcance de su control soberano. Por lo tanto, hay una respuesta correcta al dilema de la roca. El problema tiene solución. La respuesta es no.
Dios no puede construir una roca tan grande imposible de mover. ¿Por qué? Si Dios construyera dicha roca estaría creando algo sobre lo que no podría ejercer su poder. Estaría destruyendo su propia omnipotencia. Dios no puede dejar de ser Dios; no puede no ser omnipotente. Cuando la Virgen María se vio confundida por la anunciación de Gabriel sobre la concepción de Jesús en su vientre, el ángel le dijo: "porque nada hay imposible para Dios" (Lucas 1:37). El ángel le estaba recordando a María la omnipotencia de Dios. Creo que hasta los ángeles son capaces de usar hipérboles. En un sentido restringido, el ángel estaba expresando una teología incorrecta. Pero en un sentido bíblico más amplio entendemos que el poder de Dios supera al de la criatura. Lo que para nosotros es imposible para Dios es posible. Decir que nada es imposible para Dios significa que Dios puede hacer cualquier cosa que sea su voluntad. Su poder no está limitado por limitaciones finitas. Nada o "ninguna cosa" puede restringir su poder. Sin embargo, su poder todavía está limitado por lo que él es. El pecado le es imposible porque uno no puede pecar si no lo desea. Dios no puede pecar porque nunca tendrá la voluntad de pecar. Job llegó al meollo de este asunto cuando dijo: "Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti" (Job 42:2). Para el cristiano la omnipotencia de Dios es una enorme fuente de consuelo. Sabemos que el mismo poder que Dios desplegó al crear el universo está a su disposición para asegurarnos la salvación. Demostró su poder en el Éxodo de Egipto. Demostró su poder sobre la muerte en la resurrección de Cristo. Sabemos que ninguna parte de la creación puede frustrar sus planes para el futuro. No hay moléculas perdidas al azar en el universo que puedan destruir sus planes. Aunque los poderes y las fuerzas de este mundo amenacen con destruirlos, no tenemos porqué temer. Podemos descansar confiados en el conocimiento deque nada puede superar el poder de Dios. Dios es el Todopoderoso.

Resumen
l. La omnipotencia no significa que Dios puede hacer cualquier cosa. Dios no puede actuar en contra de su naturaleza.
2. La omnipotencia se refiere al poder, la autoridad y el control soberano que Dios ejerce sobre el orden creado.
3. La omnipotencia es una amenaza para los malvados, y es una fuente de consuelo para los creyentes. 
4. El mismo poder que Dios exhibió en la creación lo demostró en nuestra redención. 
5. No existe nada en el universo que pueda desbaratar los planes de Dios.
Pasajes bíblicos para la reflexión
Génesis 17:l Salmo 115:3 Romanos 11:36 Efesios 1:11 Hebreos 1:3


Fuente: LAS GRANDES DOCTRINAS DE LA BIBLIA
por R. C. Sproul


Meditaciones sobre el libro Nehemías - Walter T. Bevan




Lectura Bíblica:Nehemías 9:1-6



Ayuno, separación y confesión. 

La fiesta de las cabañas llegó a su fin; durante ella no deberían llorar, pero terminada, llegó el momento de expresar su tristeza y arrepentimiento. La confesión sin la separación no es sincera.
 Este pueblo, entre el tiempo de su alegría y el ayuno, arreglo el asunto de las alianzas elecitas con los incrédulos. “Ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros”. El uso de la palabra descendencia nos hace ver que era un pueblo separado para el Señor. Puede que muchos lo llamaría exclusivismo, a falta de amor, no obstante fue en obediencia a la palabra de Dios y vemos otra vez la autoridad de la palabra de Dios. 

Ha habido un autoexámen y el santo deber de los que han pecado es de juzgarse a sí mismo en la presencia de Dios. Notemos que la lectura pública de la palabra de Dios esta otra vez prominente. El día Judío consiste de cuatro períodos de tres horas (Jn 11:9). Pasaron, pues tres horas en la lectura de la palabra de Dios y tres horas en confesión y adoración. 
La palabra y la oración son unidas, aunque la palabra viene primero y nos ayudaría a orar inteligentemente. La palabra habla a nosotros y luego podremos hablar a Dios. Ocuparnos con la palabra sin la oración nos hará instruidos en ella pero será de la cabeza y no del corazón. Ocuparnos solamente con la oración y nunca leyendo y estudiando la palabra nos haremos místicos. 

La oración que sigue está llena de la palabra de Dios. ¿Cuándo vamos a orar así, en vez de tener frases favoritas que repetimos?, o peor, ocupar quince minutos haciéndole a Dios escuchar un discurso?La oración está llena de la memoria de la gloriosa obra de Dios. Es una historia de constante rebelión. Tiene tres partes: adoración, revisación y petición, y apelación, es un orden digno de ser imitado por nosotros.

Walter T. Bevan

Revista devocional MEDITACIONES (Edición 1983)


Meditaciones sobre el libro Nehemías





Día 4
Lectura Bíblica: Nehemías 8:13-18

“El fruto de oír la Palabra de Dios”

Obediencia, debemos no solamente oír y entender la Palabra sino también vivir según sus preceptos.
El día siguiente se reunieron otro vez para aprender más de la Palabra. Es hermoso ver el aumento en su deseo de aprender. Hicieron luego, lo que era para ellos un gran descubrimiento; trata de las fiestas de las cabañas. Era el segundo día del mes séptimo y la fiesta de las cabañas comenzó el día catorce y seguía durante ocho días. En el intervalo de doce días tendrían tiempo para los preparativos. Recogieron ramas de árboles y los llevaron a los lugares abiertos de la ciudad y a los patios y terrazas de las casas e hicieron sus enramadas frondosas que durante los días de la fiesta han de ser sus habitaciones y todos los días escucharon de la palabra de Dios.

“Había alegría muy grande”: La característica de la fiesta fue una de gozo. Deberían recordar el pasado, su libramiento de Egipto y su peregrinación en el desierto. La redención por cierto es la fuente de gozo. Fue la última fiesta del año, completando el ciclo de fiestas y prefigurando el glorioso fin de los caminos de Dios para su pueblo que los llevaran a las bendiciones del milenio. Pero no fue solamente algo de celebrar otra fiesta, sino un ejemplo de obediencia a la Palabra de Dios. 

“Lo hallaron escrito…e hicieron así”. Todo es animador y una verdadera luz en días oscuros. Vemos que la palabra de Dios es todo suficiente para cada experiencia de la vida, y fue leída todos los siete días, y el octavo fue “solemne asamblea”. Fue este día octavo que el Señor Jesucristo se puso de pie y clamo “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. 

Que sea también esa nuestra experiencia.


Walter T. Bevan

Revista MEDITACIONES Devocional Bíblico Diario (Edición 1983)


Meditaciones del libro Nehemías-Walter T. Bevan




Lectura Bíblica: Nehemías 8:9-12

“Los resultados de la predicación” 

No sabemos cuáles fueron las porciones leídas, pero los corazones fueron tocados y corrían las lagrimas. No escucharon con indiferencia; la verdad fue aplicada al corazón y las consecuencias fueron despertadas. Lloraron, pero no deberían seguir llorando, por lo tanto son exhortados a regocijarse en Dios quien puede cambiar nuestro lloro en alegría. Es día santo. Era la fiesta de las trompetas y los predicadores ahora tienen que adaptar su mensaje y exhortaciones para producir la
consolación y el gozo del Señor en sus oyentes.

Nos hace ver otro resultado de la predicación: “El pueblo tenia gran gozo”. La verdad de Dios produce emociones mezcladas en el alma. El lloro al pensar en nuestros pecados y el gozo al pensar en la gran salvación y el perdón. El espíritu gozoso es aquel que se olvida de sí mismo al contemplar su Dios.

Nuestra meditación de Él es dulce. “El gozo de Jehová es nuestra fortaleza”. No trata aquí del gozo de Dios en su pueblo, sino del gozo del pueblo en su Dios y tal gozo es basado sobre la confianza en el Señor. El verdadero gozo se encuentra en comunión con Dios que es la fuente de todo gozo. Este gozo será perdurable, porque es de Dios, Pablo dijo: “Gozaos en el Señor siempre”; es pues, un deber apostólico. Falta de gozo muchas veces es debido a una fe deficiente ¿Podré de Él sostenerme?, y andamos llenos de dudas. Dice: “El gozo de Jehová es nuestra fortaleza”. Gozo inspira fuerza; es un tónico. No haremos mucho con el ánimo siempre triste y abatido. Corazones llenos del gozo del Señor serán también muchos brazos fuertes para la obra. Vemos luego a un pueblo que suministra a los demás de sus cosas. Debemos compartir nuestro gozo; lo que nos ha sido dado es para compartir con otros y es la manera de aumentarlo.

Walter T. Bevan
Revista MEDITACIONES Devocional Bíblico Diario (Edición 1983)








Lectura Bíblica: Nehemías 8:5-9 


El método del predicador. 


Miremos a este gran escriba con el rollo precioso en su mano, parado sobre una plataforma a fin de que todos pudieran verle. “Primeramente consiguió captar la atención del pueblo”. No es un gran provecho leer la palabra a una congregación que no responde, ni presta atención debidamente. Tomó la precaución que todos podrían ver y oírle. Comenzó por bendecir al Señor. Se dio cuenta de la solemnidad de la ocasión; de la majestad de Dios y de la grandeza de su mensaje. 

Leyó en el libro de Dios claramente. No hay el debido ejercicio hoy día acerca de la lectura pública de la palabra; o es leída perezosamente y en tono monótono; o al galope; o como si tuviera un caramelo en la boca; o a tropiezos y mal pronunciada. La lectura pública con voz clara y entonación correcta, con el énfasis debido, es siempre atrayente. Ponía el sentido, no fue mecánico y sin alma. El pueblo entendía la lectura. Tenía tres personas con él y además otros trece levitas aparentemente distribuidos entre la congregación para repetir y explicar en caso de necesidad. 

Enseño únicamente la palabra de Dios. La Biblia es la base fundamental de todo verdadero avivamiento. Los creyentes necesitan instrucción y por esto hace falta reuniones públicas de ministerio. Por el último capítulo de Nehemías vemos que la gente se había metido bastante en las cosas del mundo y no hay nada como esto para debilitar el poder de entender la palabra de Dios. 
La manera de hacerlos volver a Dios será por la fiel exposición de la Palabra de Dios. Tal fue la obligación de Esdras y sus ayudantes y tal es nuestra. Explicar la palabra; hacerla clara y no sólo para fines intelectuales, sino como en aquella multitud en la plaza aquella mañana calurosa, movidos al arrepentimiento a fin de luego experimentar el gozo del Señor.

Walter T. Bevan
Revista MEDITACIONES Devocional Bíblico Diario (Edición 1983)





Lectura Bíblica: Nehemías 8:5-9 


Los congregados. 


Fue un número grande: todo el pueblo. “Hombre y Mujeres y todos los niños que tenían inteligencia para escuchar” (V.M). Tenían hambre de la Palabra de Dios. Fue un pueblo unido. “Como un solo hombre”. Los que esperan así no serán defraudados. Es bueno cuando el Pueblo de Dios desea conocer su voluntad a fin de obedecerla. 

Fue un pueblo atento. “Desde el alba hasta el medio día”. Tenían mas interés en el libro que en el predicador, buscaban el mensaje y no al hombre. ¡Qué escena preciosa! El sol se asomó aquel día y brilló sobre un gran concurso en la plaza, deseoso de oír la palabra de Dios. Todos fueron solemnizados por el mensaje. Necesitamos tal atención hoy día porque mucho vienen a las reuniones a criticar al mensajero y su mensaje, en cuanto a escuchar por la mitad de un día: ¡Que esperanza! Se aburren en diez minutos. 

Fue un pueblo reverente. Esdras abrió el libro delante de todo el pueblo y “el pueblo se puso de pie” (V.M.). Fue un símbolo de respeto y obediente atención. No faltan aquellos que lo llaman “bibliolatría”, pero no es que adoramos el libro, sino que reconocemos que el Autor de ellos es el todo sabio y todo suficiente Dios quien nos ha dado el libro para guiarnos. 

Fue un pueblo respondedor. “todo el pueblo respondió: Amén, Amén”. El Señor estaba obrando en sus almas y le dieron a él la alabanza y adoración que le correspondía. No fue como esos “estudios bíblicos” cuando unos cuantos se reúnen para discutir y argüir y en los cuales se manifiesta bastante de la carne. Se sometieron a la palabra; no había nada de liviandad; dieron a la palabra su debido lugar. Aprendamos, pues, de aquella multitud sobre sus rostros esperando, bendiciones y alabando a Dios por su Palabra.


Walter T. Bevan
Revista MEDITACIONES Devocional Bíblico Diario (Edición 1983)


Homilética Bíblica




Homilética  es el arte y ciencia de predicar para comunicar el mensaje de la Palabra de Dios. Se estudia cómo organizar el material, preparar el bosquejo y predicar efectivamente. Se dan principios básicos de la comunicación para hablar en público y ser un orador elocuente.

La cuidadosa preparación del sermón no es, empero, suficiente sin el poder o fuego del Espíritu Santo, que no siempre es el fuego del entusiasmo humano que se expresa con enérgicos gestos y grandes gritos, sino aquella unción de lo Alto que da al sermón ese algo inexplicable que no se adquiere por medios humanos pero lleva a los corazones de los oyentes la impresión de que el mensaje es de Dios, porque es Dios mismo revelándose al corazón del que escucha la Palabra. Si ambas cosas vienen unidas en el sermón, el predicador no podrá menos que ver de su siembra espiritual abundantes frutos para vida eterna.
Hay que evitar ambos extremos. El predicador que descuida la preparación de sermones, confiando imprudentemente en la inspiración divina, se encontrará frecuentemente con que no tendrá mensaje alguno para dar, y tendrá que sustituir rápidamente la falta de inspiración por una charla sin sentido que cansará a sus oyentes, pues el Espíritu Santo no suele otorgar premio a la holganza. Y el predicador que sólo confía en su arte y en sus cuartillas bien escritas, puede hallarse falto de la unción santa y descubrir con sorpresa que su palabra no llega a los corazones.

La primera cosa para preparar un buen sermón es tener un mensaje definido. Antes de proceder a la preparación de un sermón, todo predicador debe responderse esta sencilla pregunta: ¿De qué voy a hablar?
Mientras el predicador no pueda contestar claramente tal pregunta, no debe seguir adelante. Ha de tener un tema y debe saber con precisión cuál es. Sólo puede estar seguro de que lo sabe cuando pueda expresarlo en palabras. Si el tema está entre la bruma, también lo estará todo lo que le pertenece: su introducción, su arreglo, su prueba y su objeto.
El tema debe ser la expresión exacta del asunto, o la respuesta a la pregunta: ¿De qué voy a hablar? Nunca debe escogerse un tema por ser bonito o sonoro como fase, sino que ha de expresar claramente el objeto que el sermón persigue. Todo predicador, para preparar bien su sermón, debe responder a la pregunta: ¿Por qué voy a hablar de este tema? ¿Qué fin deseo lograr?
El tema no sólo ha de abarcar o incluir lo que se va a decir, sino que ha de excluir todo lo que no tenga que ver con el asunto.
En toda preparación para el público, las primeras palabras que se escriban deben ser la expresión exacta del tema, o sea, la respuesta a la pregunta: ¿De qué voy a hablar?

COMO ENCONTRAR UN TEMA
El mensaje debe venir como una inspiración especial de Dios, y el predicador debe estar pidiendo mensajes a Dios para sus oyentes. Pero no es de esperar que venga siempre como una inspiración profética, sino que él mismo debe afanarse en buscarlos de diversas maneras.
Spurgeon dice: «Confieso que me siento muchas veces, hora tras hora, pidiendo a Dios un asunto, y esperándolo, y que esto es la parte principal de mi estudio. He empleado mucho tiempo y trabajo pensando sobre tópicos, rumiando puntos doctrinales, haciendo esqueletos de sermones, y después sepultando todos sus huesos en las catacumbas del olvido, continuando mi navegación a grandes distancias sobre aguas tempestuosas hasta ver las luces de un faro para poder dirigirme al puerto suspirado. Yo creo que casi todos los sábados formo suficientes esqueletos de sermones para abastecerme por un mes, si pudiera hacer uso de ellos; pero no me atrevo, ni suelo hacerlo. Naturalmente, porque no da lugar a ello el hallazgo de otros mejores.»

a) Reflexionando sobre las necesidades espirituales de sus oyentes.
Debemos advertir al predicador novel acerca del peligro de sermones particulares dirigidos a una familia o a un individuo de la iglesia. Si tiene algo que decir a un individuo, dígaselo particularmente, pero no desde el pulpito, que es la cátedra de toda la Iglesia, y no debe sacrificarla a las conveniencias particulares de unos pocos. Además, se expone a que sus insinuaciones sean comprendidas por otros hermanos, como dirigidas a aquélla u otra persona y ello produciría murmuraciones, o podría ocurrir que la misma persona comprendiera demasiado bien el mensaje y se ofendiera con razón por la falta de tacto del predicador. Pero cuando el predicador siente que la mayoría de la iglesia adolece de algún defecto o necesita una exhortación especial, hágala sin temor, pensando en su alta responsabilidad como siervo de Dios.

EL TEMA Y EL TEXTO
¿Debe predicarse sobre temas o sobre textos? ¿Debe elegirse primero el tema y después el texto, o viceversa?
Es imposible responder a estas preguntas de un modo concreto dando reglas absolutas. En algunos casos, cuando el predicador tiene un tema definido, sintiendo que debe predicar sobre aquel asunto; el tema precederá a la elección de texto. Pero en otros casos, cuando el tema es sugerido como resultado de meditación personal de la Sagrada Escritura, será el texto el que precederá y sugerirá el tema al predicador.
¿Es fácil encontrar textos para predicar? Permítasenos citar otra vez a Spurgeon, quien dice: «No es que falten, sino que son demasiado abundantes; es como si a un amante de las flores se le pusiera en un magnífico jardín con permiso para coger y llevarse una sola flor; no sabría cuál coger que fuera mejor. Así me ha pasado a mí —dice el gran predicador— al tratar de buscar un texto para un sermón. He pasado horas y horas escogiendo un texto entre muchos lamentando que hubiera tan sólo un domingo cada siete días.»

FORMULACIÓN DEL TEMA
Una vez elegido el texto, es indispensable concretarlo en un tema, si no se posee ya de antemano.
El tema es el resumen del texto y del sermón concretado en una corta sentencia. Ha de ser, por tanto, no solamente la esencia del texto, sino el lazo de unión de los diversos pensamientos que entrarán en el sermón. Hay una gran ventaja en poseer un tema para el arreglo del sermón. Se ha dicho que el tema es el sermón condensado, y el sermón es el tema desarrollado.
El tema fomenta la unidad del discurso, y si los argumentos, explicaciones y aplicaciones son adecuados, permanece el tema como nota dominante sobre la mente.
El tema ayuda para dar intensidad y firmeza al sermón y mantener el discurso dentro de los límites razonables. Por esto es preferible tener el tema limitado y bien definido y no demasiado amplio.
Predicar un sermón sin tema, es como tirar sin blanco.

EL TEMA Y EL TITULO
Una vez escogido el tema, o sea, el asunto sobre el cual desea el servidor de Dios predicar a una congregación, debe formular dicho tema en un título. Muchos predicadores y libros de Homilética confunden el tema con el título. Al autor le ocurrió esto por un tiempo. A veces, y hasta cierto punto, no existe diferencia entre ambas cosas, pero a veces el título no es más que la puerta del tema o asunto, el cual no puede ser expresado plenamente por el título, por dos motivos:
a) Porque el título del sermón ha de ser exageradamente breve, y por tal razón no puede a veces contener todos los pensamientos o partes que el predicador desea desarrollar en su tema.
b) Porque, sobre todo en estos tiempos de abundante publicidad, ha de ser el título del sermón especialmente chocante y atractivo, para despertar la atención e intrigar al público. Esto pone al predicador en el peligro de formular su tema en un título que se aparte del asunto del cual realmente quiere tratar. En otras palabras: que sirva tan sólo de excusa o motivo para llamar la atención y no de verdadera base al mensaje. En tal caso se expone a que el público, sintiéndose defraudado, pierda confianza al predicador.

UN PENSAMIENTO CONCRETO
El tema ha de ser corto, pero claro y expresivo. Un tema largo pierde toda su gracia y atractivo. Cierto predicador anunció el siguiente tema “Las opiniones falsas que los hombres se forman acerca de los juicios de Dios permite sobre nuestros prójimos y las opiniones rectas que se deben formar sobre tales juicios». Con el anuncio de tal tema, el predicador casi podía haberse ahorrado el sermón. «El peligro de juicios erróneos» habría sido mucho más acertado para este mismo asunto, porque este tema no detalla lo que el predicador va a decir, sino que despierta interés por saber lo que dirá.
Cuando el sermón es textual el tema debe ser tan dependiente del texto que ha de contener el principal pensamiento del mismo.

Tomado del libro: MANUAL DE HOMILÉTICA por Samuel Vila

Comentario de Génesis Capítulo 1 (Matthew Henry)



Génesis es un nombre tomado del griego; significa “el libro de la generación o los orígenes”; se llama así apropiadamente pues contiene el relato del origen de todas las cosas. No hay otra historia tan antigua. Nada hay dentro del libro más antiguo que existe que lo contradiga; por el contrario, muchas cosas narradas por los escritores paganos más antiguos, o que se pueden descubrir en las costumbres de naciones diferentes, confirman lo relatado en el libro del Génesis.

CAPÍTULO I
Versículos 1, 2. Dios crea los cielos y la tierra. 3—5. La creación de la luz. 6—13. Dios separa la tierra de las aguas; la tierra la hace fructífera. 14—19. Dios forma el sol, la luna y las estrellas.
20—25. Dios crea los animales. 26—28. El hombre, creado a imagen de Dios. 29, 30.Designación de los alimentos. 31. Finalización y aprobación de la obra de creación.
Vv. 1, 2. El primer versículo de la Biblia nos da un relato satisfactorio y útil del origen de la tierra y de los cielos. La fe del cristiano humilde entiende esto mejor que la fantasía de los hombres más doctos. De lo que vemos del cielo y la tierra aprendemos el poder del gran Creador. Que el hecho de ser creados y nuestro lugar como hombres, nos recuerden nuestro deber cristiano de mantener siempre el cielo a la vista y la tierra bajo nuestros pies.
El Hijo de Dios, uno con el Padre, estaba con Él cuando éste hizo el mundo; mejor dicho, a
menudo se nos dice que el mundo fue hecho por Él y que sin Él nada fue hecho. ¡Oh, qué elevados pensamientos debiera haber en nuestra mente hacia el gran Dios que adoramos, y hacia ese gran Mediador en cuyo nombre oramos! Aquí, en el principio mismo del texto sagrado, leemos de ese Espíritu Divino cuya obra en el corazón del hombre se menciona tan a menudo en otras partes de la Biblia. Observe que, al principio nada deseable había para ver, pues el mundo estaba informe y vacío; era confusión y desolación. En manera similar, la obra de la gracia en el alma es una nueva creación: y en un alma sin gracia, que no ha nacido de nuevo, hay desorden, confusión y toda mala obra: está vacía de todo bien porque está sin Dios; es oscura, es las tinieblas mismas: este es nuestro estado por naturaleza, hasta que la gracia del Todopoderoso efectúa en nosotros un cambio.

Vv. 3—5. Dijo Dios: Sea la luz; Él la quiso, e inmediatamente hubo luz. ¡Qué poder el de la
palabra de Dios! En la nueva creación, lo primero que se lleva al alma es la luz: el bendito Espíritu obra en la voluntad y en los afectos iluminando el entendimiento. Quienes por el pecado eran tinieblas, por gracia se convierten en luz en el Señor. Las tinieblas hubieran estado siempre sobre el hombre caído si el Hijo de Dios no hubiera venido para darnos entendimiento, 1 Juan v. 20. La luz que Dios quiso, la aprobó. Dios separó la luz de las tinieblas, pues, ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? En los cielos hay perfecta luz y ningunas tinieblas; en el infierno, la oscuridad es absoluta y no hay un rayo de luz. El día y la noche son del Señor; usemos ambos para su honra: cada día en el trabajo para Él y descansando en Él cada noche. Meditando día y noche en su ley.

Vv. 6—13. La tierra estaba desolada, pero por una palabra se llenó de las riquezas de Dios, que todavía son suyas. Aunque se permite al hombre su uso, son de Dios y para su servicio y honor deben usarse. La tierra, a su mandato, produce pasto, hierbas y frutos. Dios debe tener la gloria de todo el provecho que recibimos del producto de la tierra. Si tenemos interés en Él, que es la Fuente, por la gracia, nos regocijaríamos en Él cuando se secan los arroyos temporales de la misericordia.

Vv. 14—19. El cuarto día de trabajo da cuenta de la creación del sol, la luna y las estrellas. Todo es obra de Dios. Se habla de las estrellas tal como aparecen antes nuestros ojos, sin decir su cantidad, naturaleza, lugar, tamaño o movimientos; las Escrituras no fueron hechas para satisfacer la curiosidad ni para hacernos astrónomos, sino para conducirnos a Dios y hacernos santos. Las luces del cielo fueron hechas para servirle a Él; lo hacen fielmente y brillan a su tiempo sin faltar.
Nosotros estamos como luces en este mundo para servir a Dios; pero, ¿respondemos en manera similar a la finalidad para la que fuimos creados? No: nuestra luz no resplandece ante Dios como sus luces brillan ante nosotros. Hacemos uso de la creación de nuestro Amo, pero nos importa poco la obra de nuestro Amo.

Vv. 20—25. Dios mandó que se hicieran los peces y las aves. Él mismo ejecutó esta orden. Los insectos, que son más numerosos que las aves y las bestias, y tan curiosos, parecen haber sido parte de la obra de este día. La sabiduría y el poder del Creador son admirables tanto en una hormiga como en un elefante.—El poder de la providencia de Dios preserva todas las cosas y la feracidad es el efecto de su bendición.

Vv. 26—28. El hombre fue hecho después de todas las criaturas: esto era tanto un honor como un favor para él. Sin embargo, el hombre fue hecho el mismo día que las bestias; su cuerpo fue hecho de la misma tierra que el de ellas; y mientras él está en el cuerpo, habita en la misma tierra con ellas. ¡No permita Dios que dándole gusto al cuerpo y a sus deseos, nos hagamos como las bestias que perecen! El hombre fue hecho para ser una criatura diferente de todas las que habían sido hechas hasta entonces. En él tenían que unirse la carne y el espíritu, el cielo y la tierra. Dios dijo: “Hagamos al hombre”. El hombre, cuando fue hecho, fue creado para glorificar al Padre, Hijo y Espíritu Santo.
En ese gran nombre somos bautizados pues a ese gran nombre debemos nuestro ser. Es el alma del hombre la que lleva especialmente la imagen de Dios.—El hombre fue hecho recto, Eclesiastés v.29. Su entendimiento veía clara y verdaderamente las cosas divinas; no había yerros ni equivocaciones en su conocimiento; su voluntad consentía de inmediato a la voluntad de Dios en todas las cosas. Sus afectos eran normales y no tenía malos deseos ni pasiones desordenadas. Sus pensamientos eran fácilmente llevados a temas sublimes y quedaban fijos en ellos. Así de santos, así de felices, eran nuestros primeros padres cuando tenían la imagen de Dios en ellos. ¡Pero cuán desfigurada está la imagen de Dios en el hombre! ¡Quiera el Señor renovarla en nuestra alma por su gracia!

Vv. 29, 30. Las hierbas y las frutas deben ser la comida del hombre, incluido el maíz y todos los productos de la tierra. Que el pueblo de Dios ponga sobre Él su carga y no se afane por qué comerán ni qué beberán. El que alimenta las aves del cielo no permitirá que sus hijitos pasen hambre.

V. 31. Cuando nos ponemos a pensar en nuestras obras hallamos, para vergüenza nuestra, que en gran parte han sido muy malas; pero cuando Dios vio su obra, todo era muy bueno. Bueno pues todo era cabalmente como el Creador quería que fuera. Todas sus obras, en todos los lugares de su señorío le bendicen y, por tanto, bendice, alma mía, al Señor. Bendigamos a Dios por el evangelio de Cristo y, al considerar su omnipotencia, huyamos nosotros, los pecadores, de la ira venidera. Si somos creados de nuevo conforme a la imagen de Dios en santidad, finalmente entraremos en los
“cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

 Del Libro: "Comentario de la Biblia" MATTHEW HENRY

Estudio Bíblico- Francisco Lacueva



¿Qué se entiende por llamamiento divino?

Volviendo una vez más a Rom. 8:28-30, vemos que los escogidos de Dios son los que "conforme a su propósito son llamados" (vers. 28). Es decir, el propósito de Dios (que incluye la elección y la predestinación) precede al llamamiento. Lo cual se confirma por el verso 30, donde leemos: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó". ¿En qué consiste este llamamiento divino? Podemos definirlo, con A.H. Strong, diciendo que "es el acto de Dios por el que los hombres son invitados a recibir (Strong dice "aceptar", pero este término no es bíblico), por fe, la salvación provista por Cristo". Hay dos clases de llamamiento:
1.
General, común a exterior. Este es el llamamiento universal que Dios hace a todos los hombres mediante la acción de Su Providencia, mediante la predicación del Evangelio a todas las gentes, y mediante la acción del Espíritu Santo en todos los corazones con lo que comporta cierta parte de interioridad (V. Is. 45:22; 55:6; 65:12; Ez. 33:11; Mt. 11: 28; 22:3,14; Mc. 16: 15 -según exégesis probable-; Jn. 1 :9; 1.a Tim. 2:4). Dice J. Murray: "Las propuestas de gracia en el Evangelio, dirigidas a todos los hombres sin distinción, son muy reales y debemos mantener esta doctrina, con todas las implicaciones que comporta respecto a la gracia de Dios, por una parte, y a la responsabilidad y privilegio que suponen para el hombre, por otra". Esta llamada común comporta una gracia común, que obra en doble sentido:
a.
Evitando una mayor degeneración de la humanidad caída, y cooperando así al mantenimiento de ciertas virtudes cívicas, sociales, familiares, etc.;
b.
Ofreciendo un primer regusto de las cosas espirituales, aunque por la resistencia del sujeto (Hech. 7:51) no llegue a desembocar .en una verdadera conversión. Dos pasajes son significativos a este respecto: 1) la parábola del sembrador (Mí. 13:1-9,18-23; Mc. 4:1-9,13-20; Le. 8:4-8, 11-15), la cual nos habla de quienes "oyen la palabra y la reciben con gozo" y, sin embargo, "en el tiempo de la prueba se apartan" ("apostatan", según el verbo griego), manifestando así su condición de inconversos; 2) Hebr. 6:4ss., donde se habla de quienes "una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo... ", pero retrocedieron, lo cual no cabe en verdaderos creyentes (V. también 2.a Pedro 2:20-22).
2.
Particular, interior, eficaz. Es el llamamiento del Espíritu Santo a los elegidos para salvación (V. Rom. 1:7; 8:30; 11:29; 1.a Coro 1:23, 24,26; Ef. 1:18; 4:1,4; Flp. 3: 14; 1.a Tes. 2:12; 2.a Tes. 2:14; 2.aTim. 1:9; Heb. 3:1; 2.a Pedro 1: 10). Como muy bien advierte J. Murray H, Dios Padre es el autor de este llamamiento eficaz (V. l.a Cor. 1:9). Rom. 1: 6- 7 nos declara que este llamamiento es una agregación. Así Efesios 4: 1 nos lleva, por el concepto de llamamiento o "klésis", a la unidad del Cuerpo de Cristo, o sea, a la "ekklesía". En efecto, ya podemos ver en el volumen VI de esta serie teológica (La Iglesia, Cuerpo de Cristo) cómo el término "ekk1esía" indica una comunidad que, habiendo sido llamada del mundo (segregada), ha sido al mismo tiempo llamada a formar el rebaño (grey) de las ovejas salvas por Cristo y en Cristo (congregada). Rom. 8:29; Ef. 1:4-7 y 2.a Tim. 1:9, entre otros textos, nos manifiestan claramente el papel central que Jesucristo desempeña en este llamamiento del Padre a sus elegidos. 1. a Coro 1:9 explica que el objetivo de este llamamiento es la "koinonía" o comunión con Jesucristo, con lo cual todos los bienes salvíficos nos vienen por El: "por El estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (esto último se refiere en particular a la glorificación final: 1.a Coro 1:30, comp. con Rom. 8:23; Ef. 1:14; 4:30).
Características del llamamiento divino
1.
Es una llamada eficaz, por la que el Espíritu Santo, usando la predicación del Evangelio como un medio moral de persuasión y aplicando poderosa y eficazmente la Palabra al corazón del oyente, origina un cambio de mentalidad, una nueva disposición en el sentimiento, una nueva actividad en la voluntad. Preferimos usar el término "eficaz" en vez de "irresistible", porque este último podría inducir la idea de coacción o violencia por parte de Dios. Aunque el verbo helkyo, usado en Jn. 6:44, significa atraer tirando, arrastrar con violencia, ello ha de entenderse aquí no de violencia física, sino de suave y dulce atracción psicológica, como dice Agustín de Hipona, en su comentario a este versículo: “¿Cómo puedo creer voluntariamente, si soy arrastrado? Yo te digo: poco es decir "voluntariamente", pues eres también atraído voluptuosamente... Pues si el poeta pudo decir: "A cada uno le atrae su placer" (Virgilio, Ec. 2, verso 64); no necesidad, sino placer; no obligación, sino deleite; ¿con cuánta mayor fuerza debemos decir que un hombre es atraído a Cristo, el cual es la verdad, la felicidad, la justicia, la vida eterna? Dame a uno que ame de veras, y sentirá lo que estoy diciendo. Pero si hablo a uno que esté frío, no sabrá lo que digo".
2.
El llamamiento divino eficaz NO quita la libertad, sino que la da (V. Jn. 8: 32), porque, al infundir criterios correctos y motivos realmente valiosos, restaura el adecuado ejercicio del albedrío y confiere la facultad dignificante de poder llegar a ser "hijos de Dios" (Jn. 1: 12), abandonando la esclavitud del pecado y del demonio.
3.
El llamamiento divino produce un despertamiento, una reavivación (Ef. 2: 1); en otras palabras, tiene como término directo, en el sujeto de la llamada, el fenómeno espiritual llamado "regeneración" (V. Jn. 3:3,5; 1.a Pedro 1:22-23).
Dos preguntas:
1.
¿Es sincera la llamada general de Dios? Sí, tan sincera como la promulgación del Decálogo a muchos que no lo iban a cumplir. Se puede ser sincero invitando a comer a alguien del que se sabe que va a rehusar la invitación (V. por ej., Is. 5:4; Apoc. 22: 17).
2.
¿Han sido siempre amados por Dios los elegidos? Aunque ya lo hemos dicho en otra ocasión, vamos a repetido Lina vez más, por su importancia para un correcto enfoque teológico: Los elegidos han sido siempre amados por Dios con amor de benevolencia, por la predilección eterna de Dios; pero con amor de complacencia, sólo son amados después de su conversión.
Cuestionario
1.
¿Qué entendemos por "llamada divina"?
2.
¿A qué llamamos "llamada común", y para qué es sincera?
3.
¿Qué es llamada eficaz y cómo se compagina con la libertad del hombre?
4.
¿Cuál es el término directa de esta llamada?

Del libro: CURSO DE FORMACIÓN TEOLÓGICA EVANGÉLICA
TOMO 5 DOCTRINAS DE LA GRACIA (FRANCISCO LACUEVA)

Comentario PROVERBIOS capítulo 1



Versículos 1-6.El uso de los Proverbios. 7-9.Exhortaciones a temer a Dios y obedecer a los padres. 10-19. Evitar las seducciones de los pecadores. 20-33. El discurso de la Sabiduría a los pecadores.
Vv. 1-6. Las lecciones aquí dadas son simples y probablemente beneficien a los que sienten su propia ignorancia y la necesidad de que les enseñen. Si los jóvenes atendieran sus caminos conforme a los Proverbios de Salomón, ganarían conocimiento y discreción. —Salomón habla de los puntos más importantes de la verdad y aquí hay uno mayor que Salomón. Cristo habla por su palabra y por su Espíritu. Cristo es la Palabra y la Sabiduría de Dios, y nos es hecho sabiduría.
Vv. 7—9. Necias son las personas que no tienen sabiduría verdadera y siguen sus propios artilugios, sin considerar la razón ni la reverencia para con Dios. —Los niños son criaturas razonables, y cuando les decimos lo que deben hacer, debemos decirles por qué. Pero son corruptos y voluntariosos, por tanto con la instrucción se necesita una ley. Que las verdades y mandamientos divinos sean para nosotros altamente honorables; valorémoslos y entonces lo serán para nosotros.
Vv. 10—19. La gente mala ejerce celo para seducir a los demás llevándolos a las sendas del destructor; los pecadores aman la compañía para pecar. Pero tienen tanto más por qué responder ¡Cuán cautelosa debe ser la gente joven! 4; 32 “No consientas”. No digas como ellos dicen, ni hagas como ellos hacen o quisieran que hicieras; no tengas comunión con ellos. —¡Quién podría pensar que es un placer para un hombre destruir a otro! Nótese que su idea de riqueza mundana que no es ni de peso ni preciosa. Es el error destructor de miles que sobrevaloran la riqueza de este mundo.
Los hombres se prometen en vano que el pecado resultará ventajoso para ellos. —El camino del pecado es cuesta abajo; los hombres no pueden detenerse a sí mismos. Que la gente joven quisiera rehusar la ruina temporal y la eterna; que ellos rehusen dar un paso en las sendas destructoras. La avaricia que los hombres tienen por ganar los apresura a cosas que no tolerarán que ellos ni otros vivan la mitad de sus vidas. ¿Qué le aprovecha al hombre si gana el mundo y pierde su vida? Mucho menos si pierde su alma?
Vv. 20—33. Salomón declara aquí cuán peligroso es no escuchar los llamados de Dios, habiendo mostrado cuán peligroso es escuchar las tentaciones de Satanás. Cristo mismo es Sabiduría. Tres clases de personas son aquí llamadas por Él: —1. Los simples. Los pecadores que quieren sus simples nociones del bien y del mal, sus simples prejuicios contra los caminos de Dios y se halagan en la maldad. —2. Los burladores. Gente orgullosa y jovial que hace chistes de todo. Los burladores de la religión que rebajan toda cosa sagrada y seria. —3. Los necios. Los necios peores son los que odian a quienes les enseñan, y que tienen un disgusto bien arraigado contra la verdadera piedad. —El precepto es simple: Vuélvete ante mi reproche. No usamos bien los reproches si no nos devolvemos del mal a lo que es bueno. Las promesas son muy alentadoras. Los hombres no pueden devolverse por ningún poder propio, pero Dios responde: He aquí, Yo derramaré mi Espíritu en ti. Se necesita gracia especial para la conversión sincera. Pero esa gracia nunca será negada a quien la busque. —El amor de Cristo y las promesas mezcladas con sus reprensiones seguramente captan la atención de todos. Bien se puede preguntar: ¿cuánto tiempo piensan los hombres seguir por ese camino tan peligroso cuando se toman en cuenta las incertidumbres de la vida y las consecuencias de morir sin Cristo? Ahora los pecadores viven cómodos y desafían la pena, pero su calamidad llegará. Ahora Dios está dispuesto a oír sus oraciones, pero entonces ellos clamarán en vano. ¿Todavía despreciamos la sabiduría? Oigamos con diligencia y obedezcamos al Señor Jesús, para que disfrutemos de paz de conciencia y confianza en Dios; seamos libres del mal en la vida, en la muerte y para siempre.

Comentario Bíblico: Matthew Henry

LA CENA DEL SEÑOR- C. H. Mackintosh


La institución de la Cena del Señor debe ser considerada por todo cristiano espiritual como una prueba particularmente conmovedora de los misericordiosos cuidados del Señor y de su considerado amor por su Iglesia. Desde el tiempo en que fue instituida hasta el día de hoy, la Cena del Señor fue un firme, aunque silencioso, testigo de esta verdad, que el enemigo ha procurado corromper y destruir por todos los medios a su alcance: que la redención es un hecho cumplido del que todo creyente en Jesús, aun el más débil, puede regocijarse. Ya han transcurrido dos mil años desde que el Señor Jesús estableció el pan y la copa como los símbolos de su cuerpo partido y de su sangre derramada por nosotros, respectivamente. Y, a pesar de los innumerables cismas y herejías, de tantas controversias y contiendas, de todas las guerras de principios y los prejuicios que manchan las páginas de la historia eclesiástica, esta tan significativa institución ha sido conmemorada por los santos de todas las épocas. Es verdad que el enemigo, en una vasta sección del cuerpo profesante, logró envolverla en un manto de oscura superstición; logró presentarla de tal manera que quedó oculta de la vista de los participantes la gran realidad eterna que conmemora. El enemigo, efectivamente, tuvo éxito en reemplazar a Cristo y a su sacrificio cumplido, por una ineficaz ordenanza, la que por el mismo modo de su administración prueba su completa inutilidad y su oposición a la verdad (véase la nota al pie de la página.....). Sin embargo, a pesar del fatal error de Roma referente a la ordenanza de la Cena del Señor, ella todavía declara a todo oído circunciso y a toda mente espiritual la misma verdad preciosa y profunda: “Anuncia la muerte del Señor hasta que él venga.” El cuerpo fue partido y la sangre derramada una vez, y nunca más se ha de repetir; y el partimiento del pan no es más que el memorial de esta verdad emancipadora.
¡Con qué profundo interés y agradecimiento, pues, el creyente puede contemplar “el pan y la copa”! Sin pronunciar una sola palabra, la Cena presenta ante nuestras almas las más preciosas y gloriosas verdades: la redención cumplida; los pecados perdonados; la gracia reina; la justicia eterna establecida; el aguijón de la muerte ha desaparecido; la gloria eterna ha sido asegurada; la gracia y la gloria fueron reveladas como un libre don de Dios y del Cordero; la unidad del “un cuerpo” bautizado por “un Espíritu”, ha sido manifestada. ¡Qué fiesta gloriosa! Retrotrae al alma, en un abrir y cerrar de ojos, veinte siglos, y le muestra al mismo Señor, la misma “noche que fue entregado”, sentado a la mesa, e instituyendo allí una fiesta que, desde ese solemne momento, desde esa memorable noche, y hasta rayar el alba, habría de conducir el corazón de cada creyente hacia la cruz, cuando mirara atrás, y hacia la gloria, cuando mirare adelante.
Desde entonces, esta fiesta, por su misma simplicidad, y no obstante su profundo significado, reprimió la superstición de los hombres —que quisieron deificarla y hacer de ella un objeto de culto—, la profanidad que quiso violar su carácter santo, y la incredulidad que quiso borrarla por completo; pero, a la vez que reprimió todas estas cosas, fortaleció, consoló y refrescó el corazón de millones de queridos santos de Dios. Qué dulce es pensar, cuando nos reunimos el primer día de la semana alrededor de la Mesa del Señor, que apóstoles, mártires y santos se reunieron en torno a esta fiesta, y hallaron allí, en su medida, frescura y bendición.
Muchas cosas tuvieron lugar con el correr de los siglos: Muchas escuelas de teología surgieron, florecieron y desaparecieron; doctores y padres amontonaron cuantiosos y ponderosos volúmenes de teología; funestas herejías obscurecieron la atmósfera y fragmentaron por completo a la Iglesia profesante; la superstición y el fanatismo introdujeron sus infundadas teorías y extravagantes ideas; los cristianos profesantes se dividieron en innumerables partidos o sectas; pero, a pesar de las tinieblas y la confusión que reinaron, la Cena del Señor ha subsistido siempre, y nos habla de una manera simple, aunque poderosa: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1.ª Corintios 11:26).
¡Qué fiesta preciosa! ¡Gracias a Dios por concedernos tan grande privilegio de poder celebrarla! Con todo, no son sino símbolos, simples elementos que a los ojos de la naturaleza no valen nada ni dicen nada. El pan partido y el vino vertido, ¡qué simple! Sólo la fe puede leer el significado de esos símbolos, y, por tanto, no precisa de los extraños agregados que le introdujo la falsa religión con el objeto de sumarle dignidad, solemnidad y temor, cuando en realidad ese acto debe todo su valor, todo su poder y toda su grandiosidad al hecho de ser el memorial de una obra cumplida y eterna, que la falsa religión niega.
¡Ojalá que tú y yo, querido lector, podamos comprender mejor el significado de la Cena del Señor, y experimentar más profundamente la gracia de partir ese pan que es “la comunión del cuerpo de Cristo”, y de beber esa copa que es “la comunión de la sangre de Cristo” (1.ª Corintios 10:16)!

Tomado del libro: "La Cena del Señor" Mackintosh 

2° TIMOTEO cap II Comentario Bíblico MATTHEW HENRY

CAPÍTULO II

Versículos 1—7. El apóstol exhorta a Timoteo a que persevere con diligencia, como un soldado, un atleta y un labrador. 8—13. Le estimula con la seguridad de un final feliz para su fidelidad.
14—21. Advertencia para evitar las vanas palabrerías y los errores peligrosos. 22—26.
Encargo para huir de las pasiones juveniles y ministrar con celo contra el error, pero con
espíritu manso.

Vv. 1—7. A medida que crecen nuestras pruebas necesitamos fortalecernos más en lo que es bueno; nuestra fe, más fuerte; nuestra resolución, más fuerte; nuestro amor a Dios y Cristo, más fuerte. Esto en oposición a que seamos más fuertes según nuestro propio poder.—Todos los cristianos, pero especialmente los ministros, deben ser fieles a su Capitán, y resueltos en su causa. El gran afán del cristiano debe ser agradar a Cristo. Tenemos que esforzarnos para dominar nuestras concupiscencias y corrupciones, pero no podemos esperar el premio si no observamos las leyes. Debemos poner cuidado en hacer el bien de manera correcta, para que no se hable mal del bien que hacemos. Algunos que son activos, desperdician su celo en las formas externas y en disputas dudosas. Pero los que luchan lícitamente serán coronados al final. Si deseamos participar de los frutos, debemos trabajar primero; si deseamos ganar el premio debemos correr la carrera. Debemos hacer la voluntad de Dios antes de recibir lo prometido, para lo cual necesitamos paciencia. Junto con nuestras oraciones por el prójimo, para que el Señor les dé entendimiento en todo, debemos estimularlos y exhortarles que consideren lo que oyen o leen.
Vv. 8—13. Que los santos que sufren se acuerden y miren a Jesús, el Autor y Consumador de su fe, que por el gozo que le fue puesto delante, soportó la cruz, menospreció la vergüenza, y ahora está sentado a la diestra del trono de Dios. No debe extrañarnos que los mejores hombres se enfrenten al peor de los tratos; pero esto causa regocijo, porque la palabra de Dios no está atada. Aquí vemos la
causa real y verdadera de que el apóstol sufriera aflicciones por amor del evangelio. Si estamos muertos a este mundo, a sus placeres, sus beneficios y sus honores, estaremos por siempre con Cristo en un mundo mejor. Él es fiel a sus advertencias y fiel a sus promesas. Esta verdad asegura la condenación del incrédulo y la salvación del creyente.
Vv. 14—21. Los que están dispuestos a esforzarse suelen hacerlo por cosas de poca monta. Pero las disputas de palabras destruyen las cosas de Dios. El apóstol menciona a algunos que erraron. No negaron la resurrección, pero corrompieron la doctrina verdadera. Pero nada puede ser más necio o erróneo, porque trastorna la fe temporal de algunos profesantes. Este fundamento tiene dos cosas escritas en él. Una habla de nuestro consuelo. Nada puede derribar la fe de alguien a quien Dios escogió. El otro habla de nuestro deber. Los que deseen tener el consuelo del privilegio deben tomar conciencia del deber.—Cristo se dio por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, Tito ii, 14. La Iglesia de Cristo es como una habitación: algo del mobiliario es de gran valor; otro, de poco valor, y dedicado a usos más viles. Algunos que profesan la religión son como vasos de madera y barro. Cuando los vasos de deshonra sean tirados para ser destruidos, los otros serán llenos de toda la plenitud de Dios. Debemos ocuparnos de que seamos vasos santos. A cada cual a quien apruebe Dios
de la Iglesia será dedicado al servicio de su Maestro, y de este modo será equipado para su uso.
Vv. 22—26. Mientras más sigamos lo que es bueno, más rápido y más lejos huiremos de lo
malo. Mantener la comunión de los santos nos sacará de la comunión con las obras infructuosas de las tinieblas. Nótese cuán a menudo el apóstol advierte contra los debates en la religión; lo cual demuestra con seguridad que la religión consiste más en creer y practicar lo que Dios requiere que en disputas sutiles. Son ineptos para enseñar los que son dados a esforzarse, y son fieros y osados. Enseñanza, no persecución, tal es el método de las Escrituras para tratar a los que están en error.—
El mismo Dios que da la revelación de la verdad, por su gracia nos lleva a reconocerlo, de lo
contrario nuestros corazones seguirían rebelándose contra ello. No existe el “por si acaso” en cuanto a que Dios perdone a los que se arrepienten, pero no podemos decir que dará arrepentimiento a los que se oponen a su voluntad.—Los pecadores son metidos en una trampa, y en la peor trampa, porque es del diablo; ellos son sus esclavos. Si alguno anhela liberación, que recuerde que no puede escapar excepto por arrepentimiento, que es la dádiva de Dios; que debemos pedirlo a Él con oración fervorosa y perseverante.

Tomado del libro: "Comentario de la Biblia" MATTHEW HENRY