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Un servicio de apasionada devoción



"¿Me amas?... Pastorea mis ovejas" Juan 21:16

Jesús no dijo: "Procura que la gente se convierta a tu manera de pensar", sino "pastorea mis ovejas", es decir, "vela porque sean alimentadas en el conocimiento de mí". Nosotros calificamos como servicio lo que hacemos en la obra cristiana. Sin embargo, Jesucristo llama servicio lo que somos para Él y no lo que hacemos por Él. El discipulado se basa únicamente en la consagración a Jesucristo, no en la adhesión a una creencia o doctrina. "Si alguno viene a mí y no aborrece... no puede ser mi discípulo", Lucas 14:26. En este versículo no hay ninguna discusión ni presión de parte de Jesús para seguirlo. Sencillamente dice: "Si quieres ser mí discípulo, debes consagrarte únicamente a mí". Una persona tocada por el Espíritu de Dios de repente dice: "¡Ahora veo quién es Jesús!" Ese es el origen de la devoción. Actualmente hemos sustituido la creencia doctrinal por la personal y esta es la razón por la que tantos están consagrados a diferentes causas y muy pocos a Jesucristo. La gente no quiere consagrarse a Jesús, sino tan sólo a la causa que Él fundó. Jesucristo resulta ser profundamente ofensivo para las mentes educadas de hoy en día, para quienes solamente desean que Él sea su amigo y no están dispuestos a aceptarlo de otra forma. Por encima de todo nuestro Señor obedeció la voluntad de su Padre y no la tarea de suplir las necesidades de la gente. La salvación de las personas fue el resultado natural de su obediencia al Padre. Si sólo estoy consagrado a la causa de la humanidad, pronto me cansaré y llegaré al punto donde mi amor vacilará y tropezará. Pero si amo a Jesucristo de una forma personal y apasionada, serviré a la humanidad aunque los hombres me traten como un tapete donde se limpian los zapatos. El secreto en la vida de un discípulo es su devoción a Jesucristo; y la característica de esa vida es que no se hace notar. Es semejante a un grano de trigo que cae en la tierra y muere, pero luego nacerá y cambiará todo el paisaje (Juan 12:24).

Del libro: "En pos de lo Supremo" Oswald Chambers

El discernimiento de la fe



"Si tenéis fe como un grano de mostaza... nada os será imposible"
 Mateo 17:20
Tenemos la idea de que Dios nos recompensa por nuestra fe y así puede ser en su etapa inicial, pero no nos ganamos nada por medio de ella. La fe nos pone en la relación correcta con Dios y le da la oportunidad de obrar. Sin embargo, con frecuencia Dios tiene que derrumbar tu experiencia como uno de sus santos, a fin de conseguir que entres en contacto directo con Él. El Señor desea que entiendas que es una vida de fe, no una vida de gozo debido a sus bendiciones. El comienzo de tu vida de fe fue estrecho e intenso, centrado alrededor de una pequeña experiencia que tenía tanta emoción como fe, llena de luz y dulzura. Luego Dios retiró sus bendiciones conscientes para enseñarte a caminar por fe. Ahora eres de mucho más valor para Él, que en tus días de deleite consciente y de emocionante testimonio.
Por su propia naturaleza, la fe debe ser probada; y la verdadera prueba de la fe consiste no en que hallemos difícil confiar en Dios, sino que el carácter del Señor tiene que probarse como digno de confianza en nuestra mente. Cuando la fe se está desarrollando hacia la vida real, pasa por períodos de aislamiento ininterrumpido. Nunca confundas la prueba de la fe con la disciplina común de la vida, porque mucho de lo que llamamos la prueba de la fe es el resultado inevitable de estar vivos. La fe bíblica es la fe en Dios que se opone a todo aquello que lo contradice; una fe que declara: "Permaneceré fiel al carácter de Dios sin importar lo que Él haga". La más alta y más grande expresión de fe en toda la Biblia es: "Aunque él me mate, en él esperaré", Job 13:15.

Tomado del libro devocional: "En pos de lo Supremo" Oswald Chambers

¿Es la voluntad de Dios mi voluntad?

"La voluntad de Dios es vuestra santificación" 
1 Tesalonicenses 4:3

El problema no es si Dios está dispuesto a santificarme, sino más bien si es mi voluntad. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios haga en mí todo lo que es posible por medio de la expiación de Cristo en la cruz?¿Estoy dispuesto a que Jesús se haga para mí santificación y a dejar que su vida se manifieste en mi carne humana? (Ver 1 Corintios 1:30). Cuídate de decir: "Oh, anhelo ser santificado". No, no lo deseas realmente. Deja de anhelarlo y conviértelo en un asunto de acción. Recibe a Jesucristo con una fe absoluta e incuestionable para que Él se convierta en tu santificación y el gran milagro de su expiación será real en
tu vida. Todo lo que Jesús hizo posible se ha vuelto mío por el regalo libre y amoroso de Dios que se fundamenta en lo que Él hizo. Y, entonces, mi actitud al ser una persona salva y santificada es de profunda y humilde santidad (no existe la santidad altiva); una santidad basada en un agónico arrepentimiento, en un sentido de inexpresable vergüenza y degradación y, también, en la asombrosa comprensión de que el amor de Dios se manifestó, aunque Él no me importaba en lo absoluto (ver Romanos 5:8). Él acabó toda la obra para que yo obtuviera mi salvación y santificación. No debemos asombrarnos, entonces, de que Pablo dijera que nada nos podrá "separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro", Romanos 8:39. La santificación me hace uno con Jesucristo y, en Él, uno con Dios. Esto es una realidad únicamente por la grandiosa expiación de Cristo. Nunca confundas la causa con el efecto. El efecto en mí es obediencia, servicio y oración, los cuales son resultado de la inexpresable gratitud y adoración por la milagrosa santificación que se operó en mí gracias a la expiación de Cristo.

Tomado del libro devocional: "En pos de los supremo" OSWALD CHAMBERS

"La clave de las órdenes del Maestro"- Devocional



"Rogad, pues, al Señor de la mies, que envié obreros a su mies" 
Mateo 9:38


La clave para el problema misionero está en las manos de Dios. Esa clave es la oración, no el trabajo; es decir, no el trabajo como se entiende popularmente hoy, porque puede implicar una evasión de nuestra concentración en Dios. La clave para la difícil tarea del misionero no es el sentido común, la medicina, civilizarse o educarse y ni siquiera la evangelización. La clave es seguir las órdenes del Maestro; es la oración. "Rogad, pues, al Señor de la mies". Naturalmente, la oración no es práctica, es absurda. Debemos comprender que desde el punto de vista del sentido común orar es una necedad.
Desde la perspectiva de Jesucristo no existen naciones, solamente el mundo. ¿Cuántos de nosotros oramos sin hacer acepción de personas, excepto una: Jesucristo? Él es el dueño de la cosecha producida por la zozobra y la convicción de pecado. Y esta es la mies por la cual debemos orar para que se envíen obreros segadores. Estamos muy ocupados con el trabajo, mientras las personas a nuestro alrededor están maduras y listas para cosechar. Pero no cosechamos ni una sola, sino que perdemos el tiempo de nuestro Señor en intensas actividades y programas. Imagínate que a tu padre o a tu hermano le sobrevenga una crisis. ¿Estarás allí como un obrero que segará la cosecha para Jesucristo? O tu respuesta sería: "¡Ay, pero debo realizar un trabajo especial!" Ningún cristiano tiene un trabajo especial que llevar acabo, porque el llamado a pertenecer a Jesucristo, a ser una persona que no es mayor que su Señor y que nunca le dicta a Él lo que tiene que hacer. El Señor no nos llama a un trabajo especial. Nos llama a Él mismo. Rogad, pues al Señor de la mies y Él aparejará tus circunstancias para enviarte como su obrero.

Tomado del Libro Devocional: "EN POS DE LO SUPREMO"
(OSWALD CHAMBERS)

Devocional- LA ADORACIÓN

Adoración

"Y plantó su tienda entre Betel al occidente y Hai al oriente; edificó en ese lugar un altar a Jehová e
invocó el nombre de Jehová", Génesis 12:8


La adoración consiste en darle a Dios lo mejor que Él te ha dado. Ten cuidado con la manera como
utilizas lo mejor que posees. Siempre que recibas una bendición del Señor, devuélvela como una ofrenda de amor. Toma tiempo para meditar delante de Él y ofrécele de vuelta su bendición, en un acto deliberado de adoración. Si la retienes, se volverá una podredumbre seca, como ocurrió con el maná cuando se acaparó (ver Éxodo 16:20). Dios nunca permitirá que te guardes completamente para ti una bendición espiritual. Debes devolvérla para que Él la convierta en una bendición para otras personas. Betel simboliza la comunión con Dios y Hai simboliza el mundo. Abram plantó su tienda entre las dos. El valor perdurable de nuestra actividad pública para Dios se mide por la profundidad de la intimidad de nuestros tiempos privados de comunión y unidad con Él. Nunca es correcto apresurarnos al entrar y salir de la adoración, pues siempre hay tiempo suficiente para adorar a Dios. Apartar algunos días para el reposo puede ser una trampa porque le resta valor a la necesidad de tener diariamente tiempos de quietud con Él. Por eso, debemos plantar nuestra tienda donde siempre contemos con el tiempo para la quietud con Él, sin importar los bulliciosos que puedan ser nuestros tiempos con el mundo. Existen tres niveles en la vida espiritual: adoración, espera, y trabajo. Sin embargo, algunos de nosotros parecemos saltar, como ranas espirituales, de la adoración a la espera, y de la espera al trabajo. La intención de Dios es que los tres vayan unidos, como un todo. En la vida de nuestro Señor siempre estuvieron juntos y en perfecta armonía. Esta es una disciplina que debemos desarrollar y que no se adquirirá de la noche a la mañana.

Tomado del Libro devocional: EN POS DE LO SUPREMO
OSWALD CHAMBERS

Devocional- ¿Saldrás sin saber a dónde? (Hebreos 11:8)


"...Y salió sin saber a dónde iba", 
Hebreos 11:8.

¿Has "salido" alguna vez de esta manera? Si así es, no existe ninguna respuesta lógica cuando alguien te
interroga acerca de lo que estás haciendo. Una de las preguntas más difíciles de responder en el trabajo
cristiano es: "¿Qué es lo que esperas hacer?" No sabes lo que vas a hacer. Lo único que sabes es que Dios
sabe lo que Él está haciendo. Examina continuamente tu actitud hacia Dios y verifica si estás dispuesto a
"salir" en cada área de tu vida, confiando plenamente en Él. Esa actitud siempre te mantendrá a la
expectativa, porque no sabes lo que Él va a hacer después. Al levantarte cada mañana tienes una nueva
oportunidad para "salir" edificando tu confianza en Dios. "No os angustiéis por vuestra vida... ni por el
cuerpo", Lucas 12:22. En otras palabras, no te preocupes por las cosas que te preocupaban antes de
“salir”.
¿Le has estado preguntando a Dios lo que va a hacer? Nunca te lo dirá. Él no te cuenta lo que va a hacer;
te revela quién es Él. ¿Crees en un Dios que hace milagros y vas a "salir" rendido completamente a Él,
hasta que nada de lo que haga te sorprenda en lo más mínimo?
Cree que Dios siempre es el Dios que tú has conocido cuando estás muy cerca de Él, y luego piensa en lo
innecesario e irrespetuoso que es la preocupación. Permite que la actitud de tu vida sea de continua
disposición a 'salir" confiando en Dios y tu vida tendrá un carisma sagrado e inexpresable muy
satisfactorio para Jesús. Tienes que aprender a "salir" a través de tus convicciones, creencias o
experiencias, hasta que alcances el punto en tu fe donde nada se interponga entre tú y Dios.

Tomado del libro Devocional: "En pos de los supremo" 
(OSWALD CHAMBERS)