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Espacio Femenino- Tema: Abigaíl


Abigail

“Aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer Abigail. Era aquella mujer de buen
entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era
del linaje de Caleb” (1 Samuel 25:3).

Léase: 1 Samuel 25:2-42.
Parece que también en otras épocas se concertaban matrimonios de personas sumamente dispares. Tenemos un ejemplo de ello en el matrimonio de Nabal con Abigail. Nabal era un hombre muy rico, pero sumamente burdo y zafio (salvaje), de poco discernimiento y dado a toda clase de excesos. Ella era una mujer juiciosa y de buen parecer y con un recto sentido moral. Es posible que el lector se pregunte cómo pudo aceptar esta mujer a un hombre así. Para comprenderlo nos basta recordar que en aquellos tiempos la mujer no era consultada para ser dada en matrimonio. Nos basta hacer mención de Lea en su matrimonio con Jacob. Podemos suponer que el caso de Abigail fue semejante.
No es muy probable que Abigail tuviera una vida muy plácida con este hombre, o que hubiera mucha comprensión por parte de él en los asuntos de la casa o en sus relaciones personales. Este hombre sólo se preciaba de sus posesiones materiales y su mayor satisfacción era correrse juergas mayúsculas con sus compinches. Nabal había tomado la parte de Saúl, el rey, en la contienda de éste con David según se nos hace evidente en la respuesta que da a los mensajeros de David: “Hay muchos siervos hoy que huyen de sus señores”. Como veremos, Abigail tenía mucha más comprensión y es evidente que por su parte, estaba decididamente del lado de David, pues lo demuestran también sus palabras: “Y. acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre la tierra...”.
La historia se puede relatar rápidamente: David se hallaba con sus hombres en la montaña y envió a Nabal un destacamento para pedirle vituallas (abastecimientos). David consideraba que tenía derecho a ello porque había protegido a los pastores de Nabal. Pero Nabal odiaba a David; por ello trató rudamente a sus enviados y los despidió con las manos vacías.
La reacción de David al enterarse del ultraje es comprensible: “Cíñase cada uno su espada...”. Cuatrocientos soldados iban a caer sobre la casa de Nabal y ningún hombre habría quedado vivo en ella. Pero, Abigail intervino y dio órdenes de cargar varios asnos con panes, cueros de vino, ovejas, grano y fruta. Los envió a David y ella misma siguió a sus siervos para asegurarse de ver aplacado a David. 
El discurso de Abigail a David es un modelo de diplomacia, y consiguió lo que deseaba. Se echó a los pies de David, tan pronto como le vio, y disculpó la insensatez de su marido con palabras elocuentes. Luego pidió misericordia a David en nombre de Jehová, y al final le hace ver que cuando llegue el día que David vea reconocidos sus derechos estará contento de no haber derramado sangre sin causa “o de haberse vengado por sí mismo”. Las palabras con que se despide son: “Acuérdese mi señor de su sierva” No sólo aplacó la ira de David, sino que cuando al poco Nabal murió, después de una espantosa borrachera, y Abigail quedó viuda, David “se acordó”: le mandó una embajada diciéndole que deseaba tomarla por mujer. Oigamos la respuesta de Abigail: “He aquí tu sierva será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor”. Su discreción no la había abandonado. Hemos de tener en cuenta que éste era el estilo de lenguaje de aquellos tiempos. Abigail mostró prudencia en difíciles circunstancias. Dio muestras de fe al decir a David, el escogido de Dios en oposición al rey Saúl: “Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor (David) será ligada en la faz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y Él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio del hueco de una honda”. 
Abigail vio cumplidas estas palabras.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:
1. ¿Qué tipo de matrimonio era el de Abigail?
2. ¿Cómo es posible que se realizara este matrimonio?
3. ¿Cómo demostró su fe Abigail?

Del Libro: "Mujeres del antiguo testamento" Abraham Kuyper -Editorial CLIE

La mujer, corona de la creación de Dios





Toda mujer creyente debe recordar con alegría lo que ha sido dicho hace siglos:
"La mujer no fue tomada de la cabeza del hombre para que lo gobernara, ni de sus pies para que fuera sometida por él; pero fue tomada de su costado para que fuera igual a él..., y cerca de su corazón, para ser amada por él."

Así leemos en Génesis:

"Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. 

Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne."

El conocido A. T. Robertson hace la interesante observación de que es lógico "argumentar que la mujer es la corona y la cumbre de toda la creación , al ser el último ser creado".

Hay pocas cosas en nuestra vida tan grandes como éstas, que señalan la importancia con que Dios coronó su creación creando a la mujer.

Una mujer es la que primero fue engañada, pero por designio divino otra mujer sería la portadora del cuerpo humano del Salvador prometido.

Dios obra el milagro con la mujer, porque a pesar de que fue la primera que fuera engañada y la primera en ser acusada por su marido como culpable, Dios la distingue para que de su simiente viniera un día el Redentor. Dios distingue a la mujer.

Tomado del Libro: "El rol de la mujer en la iglesia" Horacio A. Alonso



Espacio Femenino: "Eunice, madre de Timoteo"



“Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu
abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2 Timoteo 1:5).

Léase: 2 Timoteo 1.

En la familia de Timoteo reinaba la tradición cristiana. Conocemos nombres en tres
generaciones. Detrás de Timoteo hay Eunice, y detrás de ésta, Loida. Los tres
manifiestan una “fe no fingida”, que ha pasado de uno a otro.
La fe no es impartida por los padres sino que procede de Dios. Pero Dios se complace en permitir que su bendición se acreciente en las sucesivas generaciones, imprimiendo el valor de lo que permanece y el conocimiento de ser llamado, dentro de la familia, para glorificar el nombre del Señor.
Ni Loida ni Eunice podían haberse imaginado que Timoteo iba a ser llamado a un lugar de tanta prominencia en la Iglesia de Cristo. A Pablo esta especie de nobilidad espiritual, que va de una generación a otra, como israelita, le parece especialmente hermosa. Se goza al contemplarla. Pero nos habla de ello por algo más: quiere llamar nuestra atención a lo realizado por la madre, la forma en que Dios la usó, a ella y a Loida, para inspirar la fe ferviente y real en Timoteo. Pablo viene a decirnos que el hecho que Timoteo fuera criado bajo la influencia de la gracia es motivo en sí para dar gracias a Dios. La salvación puede tener lugar a cualquier edad, incluso a edad muy avanzada, pero el llegar lejos en el conocimiento de Dios suele ser más seguro cuando el niño ha sido criado dentro de las Escrituras. El corazón, espíritu y conciencia del niño es más tierno y en él se hunden de modo indeleble las enseñanzas. Cuando han sido imprimidas con eficacia difícilmente se borran más adelante. Timoteo tuvo un inmenso privilegio al poder ser educado desde la niñez en el camino del Señor. Para él, el conocimiento de la Escritura y el contenido de la fe fue vívidamente real. No eran un mero barniz formal, sino que habían crecido y se habían hecho una posesión inseparable de su propia vida y conciencia. Timoteo le debía esto a su madre, como Agustín se lo debía a su madre Mónica. Este es el privilegio de algunos hijos de madres cristianas, pero no de todas. Algunos hijos de madres cristianas, convertidos luego, han dicho que no habían recibido la más mínima bendición de su madre. Pero en otras ocasiones la madre inspira de modo permanente la vida del hijo y éste conserva siempre sagrados recuerdos de ella. Es algo glorioso que unifica a los dos espiritualmente. La ternura del amor materno es santificada por el amor de Cristo; el amor maternal potencia el ferviente anhelo de la madre de que el hijo sea del Salvador. La madre no descansa hasta que de un modo u otro, leyendo historias de la Biblia, dando consejos, ejemplo, estimulo, como sea, le induce a abrir su corazón al Salvador que se le está revelando por aquellos medios.
Nos lamentamos hoy del hecho que muchos hijos maduros se apartan de la fe. Pero al hacerlo hemos de preguntarnos dónde están las Eunices, cuya intensidad espiritual se ha contagiado al hijo. El padre sin duda tiene su responsabilidad, y su carácter, con frecuencia más fuerte, ha de guiar también al hijo en el hogar. Pero, aun cuando se ejerce la influencia del padre, la tierna actividad espiritual de la madre, su vida fiel, piadosa y de oración es la roturación del terreno que permite recibir la semilla en un blando seno. Las madres deben empezar su actividad en los niños cuando son muy jóvenes.
No basta con educar al hijo a comportarse con modales, cuidarlos e instruirlos con rectitud. Hay que conducirlos a entrar en los misterios de la Divinidad.

Preguntas sugeridas para estudio y discusión:

1. ¿Da valor Pablo a la educación en la casa de Timoteo?
2. ¿Estamos haciendo bastante énfasis en la necesidad de que el niño sea educado
en el hogar?
3. ¿Qué lección da la vida de Eunice a las madres de hoy?

Tomado del libro: "Mujeres del Nuevo Testamento" Abraham Kuyper

Espacio Femenino- ALGUNAS MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO


Sara como madre destacada

Génesis 11 al 25 cuentan eventos en la vida de Sara. Ella figura como la primera mujer en la Biblia realmente temerosa de Dios. Sin embargo, no hay indicios de esta espiritualidad hasta que creyó que iba a dar a luz un hijo. El hecho es que toda la familia de Sara está en el contexto de su vida matrimonial, y sus faltas también tienen que ver con su relación conyugal. Algunos pasajes relevantes son Isaías 51:2, Romanos 4:19, 9:9 y Hebreos 11:11.
Fue la esposa de Abraham y su historia gira en torno de la manera en que su esposo y su hijo incidieron en su vida y su actitud ante ellos. Fuera del Génesis Sara es más de todo una madre:
 En Hebreos 11.11 es madre de un solo hijo: Por la fe ... Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. (Obviamente su fe precedió su momento de concebir).concepción..
 En Isaías 51.2 es madre de la nación de Israel. Dice que Jehová le llamó a Abraham cuando era “uno solo”, pero dice también que Sara “dio a luz” al pueblo de Israel.
 En Gálatas 4.21 al 23 es madre de todos nosotros que estamos libres bajo el nuevo pacto, la promesa de salvación por fe en Cristo.
 En 1 Pedro 3.6 es madre de todas las santas mujeres que esperan en Dios y se sujetan a sus maridos con espíritu afable y apacible.
Ella sufrió primeramente por causa de su esterilidad y luego por las contiendas entre el hijo de la esclava (Ismael, hijo de Agar) y el hijo de la promesa (Isaac, el de Sara). Nada se dice de Sara en la ocasión en que Isaac iba a ser ofrecido sobre el altar, pero es de pensar que ella sabía (“Toma a tu hijo” fue exigido antes que padre e hijo salieron de casa) y que lo sintió como sólo puede una madre.
Después de que Dios había prometido una simiente a Abraham, ella esperó diez años y luego decidió tomar el asunto en sus propias manos. Sugirió a su marido que suscitase simiente de la sierva egipcia, Agar. Posiblemente lo hizo en dedicación a su esposo, pero impaciencia ante las promesas de Dios. Las consecuencias de esa intriga las palpamos hasta el día de hoy en la enemistad que existe entre judíos (descendientes de Isaac) y árabes islámicos (descendientes de Ismael y Esaú).
Su hermosura fue perdurable. Aun a la edad de los noventa años, ella fue codiciada. Dos reyes la querían: Faraón y Abimilec. Parece que compartió la mentira con Abraham en cuanto a la verdadera relación entre ellos dos. Acordaron decir que eran hermanos y no cónyuges, para que él no fuese muerto por causa de ella.
Abraham se rió por gozo ante la promesa de que le nacería un hijo, 17.17. Sara se rió de incredulidad cuando Dios le dice a Abraham que ella sí tendría un hijo, 18.12. Pero cuando nació Isaac se rió de alegría, y dice: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oye se reirá conmigo, 21.6.
El apóstol Pedro destaca su obediencia y reverencia. Al hablar de la conducta de las esposas y el atavío de las mujeres creyentes, dice: Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que (a) esperaban en Dios, (b) estando sujetas a sus maridos; como Sara obedeció a Abraham, llamándole Señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
Es interesante que Sara y otras se hayan destacado, según el enfoque de Pedro, por su atavío interno, cuando el Génesis habla más de una vez de su hermosura externa. El pone a Sara como ejemplo de una mujer cuyo atavío interno se reflejaba en su conducta para con su marido. No dice si era así a lo largo de su unión, o sólo en todas o algunas de las circunstancias narradas en el Génesis. Lo cierto es que Abraham le traicionó al decirles a Faraón y Abimelec que ella era su hermana; véase Génesis 20.13.
Sara murió a los 172 años. Es la única mujer de quien la Biblia especifica sus años de vida y su sepultura es la primera mencionada en la Biblia. Muerta, dejó un vacío palpable en el hogar. Abraham la lloró, y compró la heredad y cueva de Macpela para sepultarla allí. De Isaac su hijo dice que fue sólo al recibir a Rebeca por mujer que él se consoló después de la muerte de su madre.


Raquel, una esposa problemática

Leemos de Raquel mayormente en Génesis 29 al 31; 33; 35.
Esta esposa de Jacob era nieta de Betuel, hermano de Rebeca. Un día ella estaba abrevando las ovejas de su padre cuando Jacob llegó de su largo viaje de casi 900 kilómetros, huyendo de su hermano Esaú.
Al morir en su segundo parto, ella exclamó, “Hijo de mi tristeza”, 35.18, y es en este espíritu de tristeza que las Escrituras proyectan la vida de esta mujer. Empleando a esta madre como figura de Israel, el profeta dijo: “Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo: Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron”, Jeremías 31.15. La profecía tuvo su mayor cumplimiento en Lucas 2.16 al 18.
Era de lindo semblante y hermoso parecer. Para Jacob era amor a primera vista, y él se ofreció a trabajar siete años para conseguir a Raquel por esposa. Había salido de la casa de su padre con apenas su cayado, como confesó ante el inminente encuentro con Esaú. Estos siete años le parecían como pocos días, porque la amaba.
Pero aun en aquellos días existía el principio divino que todo lo que el hombre sembrare eso también segará, Gálatas 6:7. Jacob había engañado a su padre, y ahora Labán, padre de Raquel, iba a engañar a Jacob. En la misma noche de su matrimonio, él no le dio a Raquel sino a Lea, la hermana mayor de ésta. Cuando Jacob le reclamó a Labán, éste le dijo que no era costumbre casar la menor antes de la mayor, pero que dejara pasar la semana de festividades y luego le daría a Raquel, con tal que trabajara otros siete años por ella.
Era evidente que Jacob amaba más a Raquel que a Lea. Pero no era padre cumplido; se interesó él en negocios a expensas de su hogar. Ella resultó ser una esposa problemática. Envidiosa, 30.1. Incrédula, 30.3. Idólatra y ladrona, 31.32. Mentirosa, 32.35. No leemos de este tipo de conducta en Lea.
Dios vio el menosprecio a que estaba sujeta Lea de parte de Raquel y Jacob, y le dio a la mayor seis hijos. Raquel, en cambio, era estéril, y esta situación la puso muy envidiosa. Llegó hasta decirle a Jacob: «Dadme hijos, o si no, me muero.» Esto demostró una falta de espiritualidad. Sin embargo, Dios vio su aflicción y se acordó de ella. Nace José. En darle este nombre, ella oró por vez primera, en lo que al relato bíblico se refiere, pues el nombre José significa «Añádame Dios otro hijo.» Raquel murió trágicamente dando a luz su segundo hijo. Ella le llamó Benoni, nombre que quiere decir “la encina del llanto”, pero nosotros le conocemos por Benjamín.

Aunque los dos hijos de Raquel eran los favoritos de su padre, y José es el tipo más perfecto del Señor Jesucristo que encontramos en el Antiguo Testamento, la verdad es que en cuanto a las doce tribus de Israel que iban a proceder de los varios hijos, fueron Leví y Judá, hijos de Lea, que más iban a llevar la batuta en la nación. Murió Raquel y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura, 35.19,20.



Espacio Femenino- MUJERES DE LA BIBLIA



Las mujeres son importantes para Dios. Al estudiar las Escrituras es sorprendente descubrir las muchas historias en relación a mujeres importantes que Dios incluyó en su libro. El Señor dejó claro que las mujeres son importantes para él. Es bueno saber que otras mujeres, las mujeres de la Biblia ya recorrieron el camino antes de nosotras. Qué maravilloso es saber que ellas nos dejaron seguras indicaciones, instrucciones prácticas, sabios principios, ánimo y esperanza. Las mujeres presentadas en este material les ayudarán a enfrentar sus pruebas con la seguridad de que no está sola. Al estudiar la vida de esas prominentes mujeres, aprenderá que Dios llamó a las mujeres para desempañar un papel significativo en el hogar, la iglesia y la comunidad. De la misma manera se invita a cada mujer hoy, a cumplir el llamado de Dios para ser una bendición, en el hogar, en la iglesia y en la comunidad. Conocerá sus errores, sus éxitos y sus desafíos. Descubrirá las bendiciones que Dios les confió de acuerdo a la confianza que ellas depositaron en el Señor. En las historias de esas mujeres de la Biblia Dios tiene un mensaje para usted. Oramos para que este estudio la ayude a comprender que él la considera de gran valor. Que confíe en su llamado y que lo siga por la fe.



EVA SU NOMBRE SIGNIFICA
«Dadora de vida» o «Madre de todos los que tienen vida»

Su Carácter: 

Vino al mundo en perfecta paz con su Dios y con su marido, la única otra persona que habitaba el planeta. Vivió en el paraíso, y todo placer imaginable le pertenecía. Nunca supo el signifi cado de la vergüenza, el desacuerdo, el dolor, los desvíos, la envidia, la amargura, el luto ni la culpa hasta que escuchó a su enemigo y comenzó a dudar de Dios. Su Dolor: Ser desterrada junto con su marido del paraíso y de la presencia de Dios, y que su hijo mayor fuera un asesino, siendo la víctima su segundo hijo. Su Gozo: Haber gustado alguna vez del paraíso, y que Dios le prometiera que su descendencia en el futuro destruiría a su enemigo. Escrituras Clave: Génesis 1:26–31; 2–4

SU HISTORIA La mujer se despertó y se estiró; su piel era tersa y flexible como la de un recién nacido. Primero un dedo, luego otro se movieron con suavidad al explorar el suelo que la acunaba. Podía percibir cierta calidez que la llenaba y cosquilleaba en su garganta al intentar salir, desbordando en el sonido fuerte y agradable de la risa. Se sintió rodeada como si miles de alegrías y luego un toque la calmaran sin disminuir su gozo. Al abrir los ojos percibió un Resplandor; sus oídos oyeron una Voz. Y luego una voz más pequeña, como en un eco de alborozada respuesta: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada». Adán la abrazó, y la risa de ambos se encontró como arroyos convergentes.
El hombre y la mujer caminaban desnudos, sin avergonzarse, en el paraíso. Ninguna sombra se extendía sobre el Edén, ni desorden alguno ni discordia ni temor. Luego, un día, una serpiente le preguntó a la mujer: «¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?... ¡No es cierto; no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal». La mujer escuchó. Recordó el Resplandor y la voz de Dios que la habían llenado de gozo. ¿Podría verdaderamente ser como Dios? Muy presionada por ese deseo, tomó la fruta y luego la compartió con su marido. De pronto la oscuridad se extendió sobre el Edén. No venía de afuera sino de adentro, llenando al hombre y a la mujer de sombras, ansias y sufrimiento. El orden cedió ante el desorden, la armonía ante la discordia, la confianza ante el temor. Muy pronto Adán y Eva escucharon el sonido de su Creador que caminaba en el jardín y se escondieron. Dios llamó a Adán y le dijo: —¿Dónde estás? Adán le contestó: —Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. El pecado había metido una cuña en el corazón de ellos, y Dios los expulsó del Edén, pronunciando palabras de juicio primero sobre la astuta serpiente que había tentado a la mujer, y luego sobre ella y su marido. A la maldición emitida sobre la serpiente agregó la siguiente promesa: «Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón». A la mujer Dios le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará». Entonces Dios advirtió a Adán que tendría una vida de penosos trabajos, y que su fortaleza disminuiría hasta que el mismo polvo del que Dios lo había formado envolviera finalmente su cuerpo. La maldición de la muerte cayó de repente sobre el nuevo mundo. De modo que el hombre y su esposa se vieron obligados a huir del paraíso, y Adán le puso por nombre Eva, porque sería la madre de todos los vivientes. Pero su primogénito, Caín, se convertiría en un asesino, y su segundo hijo, Abel, en su víctima. Al pasar los años, un sufrimiento siguió a otro dentro del corazón de la primera mujer, y la última percepción que tenemos de ella nos lleva a imaginarla no como una criatura llena de frescura que surge de la mano de Dios, sino como una mujer en angustias que da a luz otro hijo. Su piel ahora se extiende como pergamino gastado sobre sus miembros, sus manos se prenden como garras a un suelo pedregoso, intentando encontrar algo a lo que se pueda aferrar, cualquier cosa que alivie su dolor. Puede sentir al niño que lleva en su interior, que la llena, y nota que su cuerpo presiona en busca de una vía de escape. Las exclamaciones de madre e hijo se unen como arroyos convergentes. Y nace Set. Finalmente, al acunar a su hijo contra su pecho, el alivio comienza a esbozarse en el rostro de Eva. Con el descanso, retorna su esperanza; se le dibuja una sonrisa, y finalmente la risa brota de sus labios. Por más que lo intente, no puede contener su gozo. Porque recuerda el Resplandor, la Voz y la promesa que Dios le dio: Tarde o temprano, a pesar de muchos sufrimientos, su simiente aplastará a la serpiente. Al final, la mujer vencerá.

LA PROMESA QUE RECIBE
Plantada en medio de la misma maldición que se pronuncia sobre Eva a causa de su pecado hay una promesa maravillosa. Dios le promete a ella y a las generaciones subsiguientes: «Darás a luz a tus hijos» (Génesis 3:16). La gracia y la misericordia de Dios se hacen evidentes de un modo asombroso incluso cuando emite su juicio. Promete que la raza humana continuará a la vez que anuncia que la muerte ahora será inevitable. A lo largo de las Escrituras, la gracia de Dios a menudo se hace evidente en toda su hermosura dentro de los juicios que emite. Cuando el mundo estaba tan lleno de pecado que tuvo que destruirlo, la gracia de Dios salvó a Noé y a su familia. Cuando los israelitas se rebelaron de manera tan absoluta que el cautiverio resultó inevitable, la gracia de Dios les prometió restauración. Mientras el juicio de Dios caía sobre David por el pecado cometido con Betsabé, la gracia de  Dios les dio a Salomón como hijo y sucesor.Cuando estamos en nuestro punto más bajo, de rodillas ante el juicio de Dios, nunca olvidemos que su gracia aún obra. Y eso es verdaderamente asombroso.


TOMADO DEL LIBRO: "MUJERES DE LA BIBLIA" (Ann Spangler Jean E. Syswerda)