Mostrando entradas con la etiqueta MATTHEW HENRY. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MATTHEW HENRY. Mostrar todas las entradas

Comentario de Génesis Capítulo 1 (Matthew Henry)



Génesis es un nombre tomado del griego; significa “el libro de la generación o los orígenes”; se llama así apropiadamente pues contiene el relato del origen de todas las cosas. No hay otra historia tan antigua. Nada hay dentro del libro más antiguo que existe que lo contradiga; por el contrario, muchas cosas narradas por los escritores paganos más antiguos, o que se pueden descubrir en las costumbres de naciones diferentes, confirman lo relatado en el libro del Génesis.

CAPÍTULO I
Versículos 1, 2. Dios crea los cielos y la tierra. 3—5. La creación de la luz. 6—13. Dios separa la tierra de las aguas; la tierra la hace fructífera. 14—19. Dios forma el sol, la luna y las estrellas.
20—25. Dios crea los animales. 26—28. El hombre, creado a imagen de Dios. 29, 30.Designación de los alimentos. 31. Finalización y aprobación de la obra de creación.
Vv. 1, 2. El primer versículo de la Biblia nos da un relato satisfactorio y útil del origen de la tierra y de los cielos. La fe del cristiano humilde entiende esto mejor que la fantasía de los hombres más doctos. De lo que vemos del cielo y la tierra aprendemos el poder del gran Creador. Que el hecho de ser creados y nuestro lugar como hombres, nos recuerden nuestro deber cristiano de mantener siempre el cielo a la vista y la tierra bajo nuestros pies.
El Hijo de Dios, uno con el Padre, estaba con Él cuando éste hizo el mundo; mejor dicho, a
menudo se nos dice que el mundo fue hecho por Él y que sin Él nada fue hecho. ¡Oh, qué elevados pensamientos debiera haber en nuestra mente hacia el gran Dios que adoramos, y hacia ese gran Mediador en cuyo nombre oramos! Aquí, en el principio mismo del texto sagrado, leemos de ese Espíritu Divino cuya obra en el corazón del hombre se menciona tan a menudo en otras partes de la Biblia. Observe que, al principio nada deseable había para ver, pues el mundo estaba informe y vacío; era confusión y desolación. En manera similar, la obra de la gracia en el alma es una nueva creación: y en un alma sin gracia, que no ha nacido de nuevo, hay desorden, confusión y toda mala obra: está vacía de todo bien porque está sin Dios; es oscura, es las tinieblas mismas: este es nuestro estado por naturaleza, hasta que la gracia del Todopoderoso efectúa en nosotros un cambio.

Vv. 3—5. Dijo Dios: Sea la luz; Él la quiso, e inmediatamente hubo luz. ¡Qué poder el de la
palabra de Dios! En la nueva creación, lo primero que se lleva al alma es la luz: el bendito Espíritu obra en la voluntad y en los afectos iluminando el entendimiento. Quienes por el pecado eran tinieblas, por gracia se convierten en luz en el Señor. Las tinieblas hubieran estado siempre sobre el hombre caído si el Hijo de Dios no hubiera venido para darnos entendimiento, 1 Juan v. 20. La luz que Dios quiso, la aprobó. Dios separó la luz de las tinieblas, pues, ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? En los cielos hay perfecta luz y ningunas tinieblas; en el infierno, la oscuridad es absoluta y no hay un rayo de luz. El día y la noche son del Señor; usemos ambos para su honra: cada día en el trabajo para Él y descansando en Él cada noche. Meditando día y noche en su ley.

Vv. 6—13. La tierra estaba desolada, pero por una palabra se llenó de las riquezas de Dios, que todavía son suyas. Aunque se permite al hombre su uso, son de Dios y para su servicio y honor deben usarse. La tierra, a su mandato, produce pasto, hierbas y frutos. Dios debe tener la gloria de todo el provecho que recibimos del producto de la tierra. Si tenemos interés en Él, que es la Fuente, por la gracia, nos regocijaríamos en Él cuando se secan los arroyos temporales de la misericordia.

Vv. 14—19. El cuarto día de trabajo da cuenta de la creación del sol, la luna y las estrellas. Todo es obra de Dios. Se habla de las estrellas tal como aparecen antes nuestros ojos, sin decir su cantidad, naturaleza, lugar, tamaño o movimientos; las Escrituras no fueron hechas para satisfacer la curiosidad ni para hacernos astrónomos, sino para conducirnos a Dios y hacernos santos. Las luces del cielo fueron hechas para servirle a Él; lo hacen fielmente y brillan a su tiempo sin faltar.
Nosotros estamos como luces en este mundo para servir a Dios; pero, ¿respondemos en manera similar a la finalidad para la que fuimos creados? No: nuestra luz no resplandece ante Dios como sus luces brillan ante nosotros. Hacemos uso de la creación de nuestro Amo, pero nos importa poco la obra de nuestro Amo.

Vv. 20—25. Dios mandó que se hicieran los peces y las aves. Él mismo ejecutó esta orden. Los insectos, que son más numerosos que las aves y las bestias, y tan curiosos, parecen haber sido parte de la obra de este día. La sabiduría y el poder del Creador son admirables tanto en una hormiga como en un elefante.—El poder de la providencia de Dios preserva todas las cosas y la feracidad es el efecto de su bendición.

Vv. 26—28. El hombre fue hecho después de todas las criaturas: esto era tanto un honor como un favor para él. Sin embargo, el hombre fue hecho el mismo día que las bestias; su cuerpo fue hecho de la misma tierra que el de ellas; y mientras él está en el cuerpo, habita en la misma tierra con ellas. ¡No permita Dios que dándole gusto al cuerpo y a sus deseos, nos hagamos como las bestias que perecen! El hombre fue hecho para ser una criatura diferente de todas las que habían sido hechas hasta entonces. En él tenían que unirse la carne y el espíritu, el cielo y la tierra. Dios dijo: “Hagamos al hombre”. El hombre, cuando fue hecho, fue creado para glorificar al Padre, Hijo y Espíritu Santo.
En ese gran nombre somos bautizados pues a ese gran nombre debemos nuestro ser. Es el alma del hombre la que lleva especialmente la imagen de Dios.—El hombre fue hecho recto, Eclesiastés v.29. Su entendimiento veía clara y verdaderamente las cosas divinas; no había yerros ni equivocaciones en su conocimiento; su voluntad consentía de inmediato a la voluntad de Dios en todas las cosas. Sus afectos eran normales y no tenía malos deseos ni pasiones desordenadas. Sus pensamientos eran fácilmente llevados a temas sublimes y quedaban fijos en ellos. Así de santos, así de felices, eran nuestros primeros padres cuando tenían la imagen de Dios en ellos. ¡Pero cuán desfigurada está la imagen de Dios en el hombre! ¡Quiera el Señor renovarla en nuestra alma por su gracia!

Vv. 29, 30. Las hierbas y las frutas deben ser la comida del hombre, incluido el maíz y todos los productos de la tierra. Que el pueblo de Dios ponga sobre Él su carga y no se afane por qué comerán ni qué beberán. El que alimenta las aves del cielo no permitirá que sus hijitos pasen hambre.

V. 31. Cuando nos ponemos a pensar en nuestras obras hallamos, para vergüenza nuestra, que en gran parte han sido muy malas; pero cuando Dios vio su obra, todo era muy bueno. Bueno pues todo era cabalmente como el Creador quería que fuera. Todas sus obras, en todos los lugares de su señorío le bendicen y, por tanto, bendice, alma mía, al Señor. Bendigamos a Dios por el evangelio de Cristo y, al considerar su omnipotencia, huyamos nosotros, los pecadores, de la ira venidera. Si somos creados de nuevo conforme a la imagen de Dios en santidad, finalmente entraremos en los
“cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.

 Del Libro: "Comentario de la Biblia" MATTHEW HENRY

Comentario PROVERBIOS capítulo 1



Versículos 1-6.El uso de los Proverbios. 7-9.Exhortaciones a temer a Dios y obedecer a los padres. 10-19. Evitar las seducciones de los pecadores. 20-33. El discurso de la Sabiduría a los pecadores.
Vv. 1-6. Las lecciones aquí dadas son simples y probablemente beneficien a los que sienten su propia ignorancia y la necesidad de que les enseñen. Si los jóvenes atendieran sus caminos conforme a los Proverbios de Salomón, ganarían conocimiento y discreción. —Salomón habla de los puntos más importantes de la verdad y aquí hay uno mayor que Salomón. Cristo habla por su palabra y por su Espíritu. Cristo es la Palabra y la Sabiduría de Dios, y nos es hecho sabiduría.
Vv. 7—9. Necias son las personas que no tienen sabiduría verdadera y siguen sus propios artilugios, sin considerar la razón ni la reverencia para con Dios. —Los niños son criaturas razonables, y cuando les decimos lo que deben hacer, debemos decirles por qué. Pero son corruptos y voluntariosos, por tanto con la instrucción se necesita una ley. Que las verdades y mandamientos divinos sean para nosotros altamente honorables; valorémoslos y entonces lo serán para nosotros.
Vv. 10—19. La gente mala ejerce celo para seducir a los demás llevándolos a las sendas del destructor; los pecadores aman la compañía para pecar. Pero tienen tanto más por qué responder ¡Cuán cautelosa debe ser la gente joven! 4; 32 “No consientas”. No digas como ellos dicen, ni hagas como ellos hacen o quisieran que hicieras; no tengas comunión con ellos. —¡Quién podría pensar que es un placer para un hombre destruir a otro! Nótese que su idea de riqueza mundana que no es ni de peso ni preciosa. Es el error destructor de miles que sobrevaloran la riqueza de este mundo.
Los hombres se prometen en vano que el pecado resultará ventajoso para ellos. —El camino del pecado es cuesta abajo; los hombres no pueden detenerse a sí mismos. Que la gente joven quisiera rehusar la ruina temporal y la eterna; que ellos rehusen dar un paso en las sendas destructoras. La avaricia que los hombres tienen por ganar los apresura a cosas que no tolerarán que ellos ni otros vivan la mitad de sus vidas. ¿Qué le aprovecha al hombre si gana el mundo y pierde su vida? Mucho menos si pierde su alma?
Vv. 20—33. Salomón declara aquí cuán peligroso es no escuchar los llamados de Dios, habiendo mostrado cuán peligroso es escuchar las tentaciones de Satanás. Cristo mismo es Sabiduría. Tres clases de personas son aquí llamadas por Él: —1. Los simples. Los pecadores que quieren sus simples nociones del bien y del mal, sus simples prejuicios contra los caminos de Dios y se halagan en la maldad. —2. Los burladores. Gente orgullosa y jovial que hace chistes de todo. Los burladores de la religión que rebajan toda cosa sagrada y seria. —3. Los necios. Los necios peores son los que odian a quienes les enseñan, y que tienen un disgusto bien arraigado contra la verdadera piedad. —El precepto es simple: Vuélvete ante mi reproche. No usamos bien los reproches si no nos devolvemos del mal a lo que es bueno. Las promesas son muy alentadoras. Los hombres no pueden devolverse por ningún poder propio, pero Dios responde: He aquí, Yo derramaré mi Espíritu en ti. Se necesita gracia especial para la conversión sincera. Pero esa gracia nunca será negada a quien la busque. —El amor de Cristo y las promesas mezcladas con sus reprensiones seguramente captan la atención de todos. Bien se puede preguntar: ¿cuánto tiempo piensan los hombres seguir por ese camino tan peligroso cuando se toman en cuenta las incertidumbres de la vida y las consecuencias de morir sin Cristo? Ahora los pecadores viven cómodos y desafían la pena, pero su calamidad llegará. Ahora Dios está dispuesto a oír sus oraciones, pero entonces ellos clamarán en vano. ¿Todavía despreciamos la sabiduría? Oigamos con diligencia y obedezcamos al Señor Jesús, para que disfrutemos de paz de conciencia y confianza en Dios; seamos libres del mal en la vida, en la muerte y para siempre.

Comentario Bíblico: Matthew Henry

2° TIMOTEO cap II Comentario Bíblico MATTHEW HENRY

CAPÍTULO II

Versículos 1—7. El apóstol exhorta a Timoteo a que persevere con diligencia, como un soldado, un atleta y un labrador. 8—13. Le estimula con la seguridad de un final feliz para su fidelidad.
14—21. Advertencia para evitar las vanas palabrerías y los errores peligrosos. 22—26.
Encargo para huir de las pasiones juveniles y ministrar con celo contra el error, pero con
espíritu manso.

Vv. 1—7. A medida que crecen nuestras pruebas necesitamos fortalecernos más en lo que es bueno; nuestra fe, más fuerte; nuestra resolución, más fuerte; nuestro amor a Dios y Cristo, más fuerte. Esto en oposición a que seamos más fuertes según nuestro propio poder.—Todos los cristianos, pero especialmente los ministros, deben ser fieles a su Capitán, y resueltos en su causa. El gran afán del cristiano debe ser agradar a Cristo. Tenemos que esforzarnos para dominar nuestras concupiscencias y corrupciones, pero no podemos esperar el premio si no observamos las leyes. Debemos poner cuidado en hacer el bien de manera correcta, para que no se hable mal del bien que hacemos. Algunos que son activos, desperdician su celo en las formas externas y en disputas dudosas. Pero los que luchan lícitamente serán coronados al final. Si deseamos participar de los frutos, debemos trabajar primero; si deseamos ganar el premio debemos correr la carrera. Debemos hacer la voluntad de Dios antes de recibir lo prometido, para lo cual necesitamos paciencia. Junto con nuestras oraciones por el prójimo, para que el Señor les dé entendimiento en todo, debemos estimularlos y exhortarles que consideren lo que oyen o leen.
Vv. 8—13. Que los santos que sufren se acuerden y miren a Jesús, el Autor y Consumador de su fe, que por el gozo que le fue puesto delante, soportó la cruz, menospreció la vergüenza, y ahora está sentado a la diestra del trono de Dios. No debe extrañarnos que los mejores hombres se enfrenten al peor de los tratos; pero esto causa regocijo, porque la palabra de Dios no está atada. Aquí vemos la
causa real y verdadera de que el apóstol sufriera aflicciones por amor del evangelio. Si estamos muertos a este mundo, a sus placeres, sus beneficios y sus honores, estaremos por siempre con Cristo en un mundo mejor. Él es fiel a sus advertencias y fiel a sus promesas. Esta verdad asegura la condenación del incrédulo y la salvación del creyente.
Vv. 14—21. Los que están dispuestos a esforzarse suelen hacerlo por cosas de poca monta. Pero las disputas de palabras destruyen las cosas de Dios. El apóstol menciona a algunos que erraron. No negaron la resurrección, pero corrompieron la doctrina verdadera. Pero nada puede ser más necio o erróneo, porque trastorna la fe temporal de algunos profesantes. Este fundamento tiene dos cosas escritas en él. Una habla de nuestro consuelo. Nada puede derribar la fe de alguien a quien Dios escogió. El otro habla de nuestro deber. Los que deseen tener el consuelo del privilegio deben tomar conciencia del deber.—Cristo se dio por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, Tito ii, 14. La Iglesia de Cristo es como una habitación: algo del mobiliario es de gran valor; otro, de poco valor, y dedicado a usos más viles. Algunos que profesan la religión son como vasos de madera y barro. Cuando los vasos de deshonra sean tirados para ser destruidos, los otros serán llenos de toda la plenitud de Dios. Debemos ocuparnos de que seamos vasos santos. A cada cual a quien apruebe Dios
de la Iglesia será dedicado al servicio de su Maestro, y de este modo será equipado para su uso.
Vv. 22—26. Mientras más sigamos lo que es bueno, más rápido y más lejos huiremos de lo
malo. Mantener la comunión de los santos nos sacará de la comunión con las obras infructuosas de las tinieblas. Nótese cuán a menudo el apóstol advierte contra los debates en la religión; lo cual demuestra con seguridad que la religión consiste más en creer y practicar lo que Dios requiere que en disputas sutiles. Son ineptos para enseñar los que son dados a esforzarse, y son fieros y osados. Enseñanza, no persecución, tal es el método de las Escrituras para tratar a los que están en error.—
El mismo Dios que da la revelación de la verdad, por su gracia nos lleva a reconocerlo, de lo
contrario nuestros corazones seguirían rebelándose contra ello. No existe el “por si acaso” en cuanto a que Dios perdone a los que se arrepienten, pero no podemos decir que dará arrepentimiento a los que se oponen a su voluntad.—Los pecadores son metidos en una trampa, y en la peor trampa, porque es del diablo; ellos son sus esclavos. Si alguno anhela liberación, que recuerde que no puede escapar excepto por arrepentimiento, que es la dádiva de Dios; que debemos pedirlo a Él con oración fervorosa y perseverante.

Tomado del libro: "Comentario de la Biblia" MATTHEW HENRY