Seamos testigos eficaces de Cristo (A. W. Tozer)










Vamos ahora a considerar lo que significa ser un testigo cristiano eficaz
mediante el examen de Juan 4 que nos presenta el encuentro de Jesús con
la mujer samaritana junto al pozo de Jacob.
En la actualidad hay entre nosotros muchos testimonios cristianos
ineficaces. Estoy seguro de que mucho de ese esfuerzo es bien
intencionado, sincero y honrado. Hacemos lo mejor que podemos con lo
que tenemos. Pero nuestra actuación resulta al final como la de aquel
vendedor que promocionaba plumas estilográficas. Trataba de hacer una
buena presentación, pero sus compradores en perspectiva sabían que él
realmente pensaba que los bolígrafos eran mucho más prácticos.
Muchos de nuestros testimonios cristianos son poco convincentes
porque nosotros no estamos convencidos. Somos ineficaces porque
todavía no nos hemos entregado al Señor Jesucristo. Es como el prosélito
haciendo prosélitos.
No me gusta admitirlo, pero en la mayoría de los casos algunos
cristianos dan la impresión de ser personas muy tristes. No manifiestan la
felicidad que se supone deben demostrar, y esa es la razón por la que el
testimonio de cada una de esas personas es vacilante e ineficaz. Ya no se
ve el brillo en sus ojos ni el resplandor en su rostro. Su testimonio ya no
es chispeante y contagioso.
Quizás esto sucede porque estamos tratando de planificar cómo
debieran suceder las cosas. Cada uno de nosotros lee un pequeño libro
acerca de cómo dar testimonio. Tratamos de hacerlo en la manera en la
que nos han enseñado; pero es mecánico y sin nada que lo haga
contagioso. Si los ángeles pueden llorar deben estar llorando a lágrima
viva al ver a un prosélito que nunca ha tenido un encuentro transformador
con el Señor hacer otro prosélito que nunca tampoco va a tener un
encuentro con el Señor.
La mujer samaritana se encontró con nuestro Señor en el pozo. El
relato que nos hace Juan de lo que sucedió dentro de su alma y el
testimonio espontáneo y contagioso que siguió es rico en lecciones
espirituales para cada uno de nosotros.
Resulta muy interesante observar en el relato bíblico cómo Jesús
llevó rápidamente a esta mujer a una conversación acerca de la
adoración. Con la misma rapidez, la mujer habló de su creencia de que
cuando viniera el Mesías Él explicaría todas las cosas.
Jesús anuncia su identidad
“Yo soy, el que habla contigo”, le dijo Jesús a la mujer (4:26). Ella
había llegado al pozo, procedente de la ciudad de Samaria, con su cántaro
para el agua puesto sobre la cabeza. Había sostenido una conversación
con el hombre más fuera de lo común que jamás se había encontrado: “Un
judío que le había pedido que le diera de beber”. Ahora iba corriendo de
regreso a la ciudad, dejando su cántaro en el pozo, para dar la noticia:
“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será
este el Cristo?” (4:29).
Queremos descubrir, si podemos, por qué el Señor eligió dar a
conocer el gran y santo secreto de que era el Mesías a esta mujer
samaritana. ¿Por qué estuvo dispuesto a revelar mucho más acerca de sí
mismo en aquel escenario que lo que había hecho en otros encuentros a lo
largo de todo su ministerio? Le habló a una mujer acerca del significado
de su persona, su vida y su ministerio, y a una que no había sido el mejor
ejemplo de mujer.
¿Por qué haría esto? Alrededor de Jerusalén había numerosos
sacerdotes con todas las credenciales necesarias cuyos orígenes podían
rastrearse hasta el mismo Aarón. Había muchos escribas: hombres sabios
elegidos para copiar las Escrituras y para enseñar su significado. Estaban
los abogados, especialistas bien entrenados en la ley de Moisés. Habían
personas religiosas por todas partes, pues Israel era una nación muy
religiosa. Si usted y yo lo hubiéramos tenido que hacer, nunca hubiéramos
elegido a esta mujer con un pasado tan dudoso como el receptáculo para
un secreto santo. Ella recibió una revelación divina superior a todo lo que
antes se había hecho y semejante a todo lo hecho hasta el momento de la
resurrección de Cristo.
No sé todas las razones del Salvador para elegir a esta mujer que
encontró junto al pozo. Sí sé que la revelación de sí mismo a ella
constituyó una eterna censura del fariseísmo humano. Sé que toda mujer
engreída consigo misma que va por la calle rebosante de su orgullo y
posición debiera sentirse avergonzada de sí misma. Sé que todo hombre
engreído de sí mismo que se mira al espejo cada mañana para afeitar lo
que él cree que es un rostro sincero debiera estar avergonzado de sí
mismo.
Los sacerdotes en su orden, los rabíes en sus cátedras, los escribas en
sus escritorios y los abogados en sus bufetes fueron pasados por alto, y a
esta mujer le fue dado a conocer el santo secreto. ¡El secreto de que Jesús
era el Cristo, el Mesías, el secreto de la naturaleza de Dios y el secreto
de la verdadera naturaleza de la adoración divina!
Jesús vio la potencialidad
Jesús fue capaz de ver la potencialidad de la samaritana en el pozo
que nosotros jamás hubiéramos percibido. ¡Qué maravilla y bendición
que Cristo nunca piensa en lo que hemos sido! ¡Él siempre piensa en lo
que vamos a ser! Usted y yo somos esclavos del tiempo y del espacio, de
los registros y reputaciones, de la publicidad y del pasado, todo eso que
solemos llamar los antecedentes. Cristo Jesús no se interesa para nada en
los antecedentes morales de nadie. Lo perdona y comienza desde allí
como si la persona acabara de nacer en ese momento.
La mujer con la habló Jesús había llevado la clase de vida que la
familiarizaba con los hombres de Samaria. Probablemente estaba más
familiarizada con los hombres de Samaria que con las mujeres. No
obstante, nuestro Señor no la avergonzó ni tampoco la denunció. Los
cristianos tienen una gran reputación de estar entre los grandes
denunciadores. Lo curioso acerca de esto es: ¡Ellos a menudo denuncian a
los que Cristo recibe con los brazos abiertos y reciben a los que el Señor
denuncia! Así es como algunos individuos carnales e inmorales se meten
en nuestras iglesias.
Ese es el peligro de que los prosélitos hagan más prosélitos. Es
posible para las personas tener alguna forma de experiencia religiosa
externa que los inmuniza para el nuevo nacimiento. Debido a que piensan
que ya han nacido de nuevo, se meten en una situación en la que nunca
nacerán de nuevo. Los prosélitos nunca estuvieron “dentro”; por
consiguiente, tampoco requieren que sus prosélitos estén “dentro”. De
manera que es posible que iglesias completas estén compuestas solo de
prosélitos; es decir, ecos de hechos y reflejos de reflejos, nunca la luz
verdadera que brilla.
Creo que es un ejercicio beneficioso pensar en algunas de las razones
por las que Jesús se reveló a la mujer en el pozo. Había una serie de
cosas que estaban a su favor.
Una era su necesidad consciente. Hay algunas cosas que no siempre
siguen, nunca son las mismas y les falta uniformidad. Pero siempre hay
uniformidad en esta área: para que una persona reciba algo de parte de
Dios debe tener una necesidad consciente, un sentido consciente y vital de
que le falta algo.
La mujer samaritana se dio cuenta de su necesidad. Ella nunca se
defendió, porque estaba en gran necesidad, y fue muy sincera acerca de
ello. No hay duda de que había escuchado muchos razonamientos
religiosos en Samaria y que sabía muy bien cómo evadirse. Hizo todo lo
que pudo para quitarse la presión de encima a medida que el Señor
hurgaba en su conciencia. Pero cuando se dio cuenta de que no había
escapatoria, se rindió y fue completamente sincera en cuanto a su vida y
problemas.

Tomado del libro: "Fe mas allá de la razón" de A. W. Tozer

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